¿El desempeño económico determinará el consumo de electricidad?

30 / Jun / 2015
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Al mejorar y diversificar tecnologías en la generación, la demanda se atenuará y se podrán alcanzar metas del país en materia de bienestar y reducción de emisiones

EDGAR SANDOVAL*

La planeación de la demanda eléctrica, desde hace varias décadas, ha estado en correlación directa con el crecimiento económico esperado del país. Así se conceptuó un sector eléctrico exitoso en términos de cobertura y de respuesta, pero privilegiándose la eficacia en vez de la eficiencia, lo que provocó sobreinversiones en capacidad instalada, detrimento en la competitividad debido a los altos precios de venta y grandes pérdidas eléctricas en distribución.

Por lo que tratando de responder a la pregunta planteada inicialmente, a continuación se discuten un par de propuestas que podrían servir como base para un estudio más amplio con el objetivo de determinar una metodología que sea capaz de proporcionar valores confiables de demanda eléctrica a largo plazo sin depender de la frágil estimación del crecimiento económico del país.

Una primera propuesta es mediante un simple análisis gráfico al evaluar el comportamiento histórico de la demanda eléctrica.

Tabulando los datos de demanda eléctrica desde 1971 a 2011 y aplicando un análisis estadístico, se obtiene un comportamiento lineal (con una correlación de r2=0.9919), respecto al tiempo.

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Dado la gran correlación resultante entre demanda eléctrica y tiempo, resulta práctico proyectar cuál sería la demanda eléctrica a largo plazo, utilizando la ecuación que define a la recta (y=41.501x – 81316). Además, si consideramos la variación poblacional a largo plazo, es posible estimar la demanda eléctrica per cápita, obteniéndose así los siguientes resultados:

*En el caso de los datos utilizados a 2030 y 2050, se utilizaron valores estimados por la ONU (World Population Prospects: The 2010 Revision).

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Los datos así obtenidos reflejan un comportamiento real/histórico de lo que se podría esperar a largo plazo en el país y, si los comparamos con los valores que resultan de proyectar la demanda eléctrica de 2011 a una tasa estimada por CFE de 4.2% de crecimiento anual a mediano plazo (564,055,420.1 MWh a 2030 y 1,284,328,606.8 MWh a 2050), resultarían, estos últimos datos, en una sobredemanda del 42.1% a 2030 y de 2.37 veces a 2050, lo que podría significar nuevamente en capacidad instalada sobrada e innecesaria, a menos de que realmente existan rutas de crecimiento económico sostenido de más del 4% anual a largo plazo en el país.

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Esto es, nos estamos preocupando más por planear infraestructura que soporte el crecimiento económico del país, sin considerar primero cómo le vamos a hacer para promover el tan esperado crecimiento económico y, entonces sí, estimar cuál sería el requerimiento energético para soportar el cambio.

Una segunda propuesta es considerar un crecimiento en la demanda eléctrica per cápita considerable a largo plazo en el país, tomando en cuenta el hecho de que los países actualmente desarrollados tienen un mayor consumo per cápita acorde a las mejores condiciones de vida y de equidad (como factor clave del desarrollo sostenible). Por ejemplo en Alemania, el consumo eléctrico per cápita de 2011 fue de 7,036.3 kWh/persona, que representan 3.1 veces más uso eléctrico que en México en el mismo año. Si bien este consumo refleja no sólo condiciones de acceso tecnológico y de bienestar, sino medioambientales de la región, supongamos, con base en un escenario deseable, que en México se podrían alcanzar tales valores de consumo eléctrico per cápita a 2050.

Así con base en lo anterior, y la proyección poblacional de la ONU a 2050, podemos estimar una demanda eléctrica de 1,012,699,536 MWh. Esto representa un gran reto de progreso social en términos de acceso universal a la red eléctrica, y de bienestar y equidad para la población en general.

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Ahora, desde un punto de vista de protección medioambiental, si lo que determinara el desempeño del sector eléctrico fuera el nivel de emisiones de carbono, recordando los compromisos de reducción de emisiones del país para mitigar el cambio climático global de 22% a 2030 respecto de 2013, y en 50% a 2050 respecto del 2000, se podría definir el rumbo que debería empezar a tomar la matriz tecnológica de generación hoy en día para alcanzar dichas metas.

Para esto utilizaremos la ecuación conocida como Identidad de Kaya, propuesta en la década de 1990 y utilizada por organismos como el IPCC para evaluar diferentes escenarios de reducción de emisiones de carbono. Dicha identidad propone que:

Emisiones de carbono = (Población) X (PIB/Población) X
(Energía/PIB) X (Emisiones de carbono/Energía)
Donde, PIB/población:PIB per cápita
Energía/PIB: Intensidad energética (o a la inversa sería Productividad energética)
Emisiones de carbono/Energía: Intensidad de carbono (depende de la tecnología de generación y el combustible utilizado)

Si acotamos dicha ecuación sólo a la generación de energía eléctrica y eliminamos los términos que dependen de la variación del PIB a largo plazo, obtenemos:

CO 2 eq. eléctricos= (Población) X (Demanda eléctrica/Población) X(CO 2 eq. eléctricos/Demanda eléctrica)

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Tomando los valores de demanda eléctrica per cápita y población de la Propuesta 1, podemos estimar la intensidad de carbono del sector eléctrico bajo dos escenarios. En el primer escenario “business as usual” seguimos la trayectoria de emisiones de carbono como hasta ahora (CAGR=2.77%, entre 1990 a 2010) y en un segundo escenario “verde”, alcanzamos las metas propuestas de reducción de emisiones a 2030 y 2050, así los valores de intensidad de carbono del sector eléctrico serían:

Por lo tanto, alcanzar la meta de reducción de emisiones con una proyección moderada de incremento de la demanda eléctrica, implicaría que al 2030 y 2050 la intensidad de carbono del sector eléctrico tendría que reducirse ampliamente, situación que tendría que empezar a considerarse hoy en día para tener tiempo de planear, diseñar y reaccionar, diversificando la matriz tecnológica de generación, optando cada vez más por tecnologías con baja intensidad de carbono y aplicando medidas con carácter de alta prioridad en temas de eficiencia y suficiencia energética.

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Habría que tomar las experiencias exitosas de otras partes del mundo, en donde aplicando medidas como las antes mencionadas, además de preocuparse de impulsar a la par una industria nacional que resolviera las necesidades tecnológicas que el reto implicaba, dieron como resultado una total desvinculación entre el crecimiento económico y la demanda energética. Tal es el caso de Dinamarca, que en tres décadas no incrementó su consumo eléctrico, pero su crecimiento económico fue de 70%.
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