Pemex: estrategia fallida

26 / NOV / 2019
David Shields

Pemex: estrategia fallida

 

Petróleos Mexicanos (Pemex) ha creado la expectativa de elevar la producción petrolera mediante el desarrollo de 20 o más campos prioritarios cada año, casi todos ellos pequeños, en tierra y en aguas someras. Como señalamos aquí (Nada realista, el plan de Pemex, Reforma, 28 de mayo, 2019), esto implicaría un nivel de productividad y éxito en la exploración que Pemex nunca antes ha alcanzado.

 

Implícita está la idea de que los microyacimientos son activos que se pueden descubrir y explotar en uno o dos años, para luego desecharlos y olvidarlos, porque ya vienen en camino otros 20 campos para sustituirlos. Pero no es así y en Pemex lo deben de saber.

 

Un yacimiento, aunque sea diminuto, requiere todo un proceso de exploración, desarrollo y explotación hasta su abandono. Este proceso dura varios años. Con el presupuesto limitado que tiene Pemex, le resulta imposible, en un sexenio, activar y administrar más de 100 yacimientos nuevos, más todos los existen históricamente.

 

El dinero (hay subejercicio) y el tiempo no le han alcanzado para hacer exploración este año. Por lo mismo, no hay 20 campos listos para su explotación el año próximo, mucho menos 20 para cada uno de los siguientes años. Habría que perforar al menos 60 pozos exploratorios al año, suponiendo una tasa de éxito geológico del 33 por ciento, para que 20 pozos salgan exitosos.

 

Además, en esos 20 pozos habría que certificar las reservas por un tercero independiente y hacer pruebas de producción para demostrar su viabilidad comercial. Nada de esto se ha hecho y no hay presupuesto para tantos campos nuevos. El esquema ya se atoró.

 

Por ahora, Pemex va sobre los primeros 22 campos, que son el fruto de la exploración en 5 años del sexenio pasado. Los trabajos para desarrollar esos campos se asignaron al vapor, por el apremio del tiempo, algunos a contratistas con pocas capacidades.

 

Varias obras requeridas en lo inmediato para subir nueva producción, como la construcción e instalación de plataformas tipo jack-up, sufren atrasos. También se han accidentado pozos en campos clave como Ixachi y Xikín. Sufrir fallas, fracasos y atrasos es parte cotidiana de una industria de riesgo, pero incomoda ante las prisas para explotar los 20 campos y reportar mejores números.

 

Por desgracia, no hay milagros de corto plazo que hagan despegar la producción. Apenas se está logrando detener el declive de los yacimientos gigantes. Lo que necesita Pemex son planes sólidos de largo plazo, transexenales, incluyendo exploración, reingeniería de los grandes yacimientos y alianzas con la IP. Los directivos de Pemex conocen la gama de opciones.

 

Algo similar pasa con la refinería de Dos Bocas. Cada semana se anuncian avances en el acondicionamiento del sitio. Pero aún no se avanza con la compra de los equipos, mucho menos con la construcción. Las empresas adjudicadas saben que no pueden colocar los pedidos para los grandes equipos requeridos, porque la ingeniería básica aún no está lista. Sólo cuentan con un símil, que es la ingeniería que se hizo para la “Refinería Bicentenario” en Tula, pero Pemex tiene que adecuar ésta a las condiciones del nuevo sitio. El tiempo transcurre y la meta de concluir Dos Bocas en tres años se vuelve cada día más irreal.

 

Así, es muy factible que las expectativas de Pemex de elevar la producción de crudo y construir rápidamente una refinería empiecen, paulatinamente, a venirse abajo en el 2020.

 

¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO?... A principios de este mes, se reportó que la Secretaría de Hacienda había liberado cerca de 100 mil millones de pesos para que Pemex empezara a pagar a sus contratistas. Luego vino el ataque a los sistemas de cómputo de la petrolera. Se presume que se perdió información crítica, no se sabe de qué tipo. Surgieron versiones de que el dinero “se jineteó” y de que algunos ejecutivos están pidiendo “comisiones” a los proveedores para hacer efectivo el pago de las facturas. Lo cierto es que Pemex sigue sin pagar, se cerró la opción de las cadenas productivas de Nafin y se hunden sus contratistas cada vez más en insolvencia y quiebra. La solución, ¿cuándo?

 

Lea el artículo en el Periódico Reforma aquí.

David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: davshields@energiaadebate.com

 

 

 

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