Hay una desconfianza irracional del Presidente López Obrador y de gran parte de su equipo hacia la inversión privada en energía. Al parecer, ellos piensan seriamente que las compañías privadas sólo se han dedicado a abusar de Pemex y CFE, desangrándolos mediante contratos injustos y leoninos durante los últimos 30 años.

 

Esa desconfianza permea la relación con los contratistas de Pemex y CFE y con las compañías ganadoras de contratos en las rondas petroleras y subastas eléctricas, quienes no han recibido un trato digno por parte de este gobierno. Es un prejuicio casi patológico que impide una colaboración sana. Por lo mismo, el año 2020 no pinta bien para las empresas privadas del sector energético. Ellas han comprometido grandes inversiones, pero ahora, en su mayoría, se sienten amenazadas por malas señales en la política oficial.

 

A fines del 2019, el gobierno allanó el camino para frenar, cancelar o espantar la inversión privada en gasolineras, gasoductos, contratos petroleros, plantas solares y eólicas. A los proveedores de Pemex no les pagan, algunos ya quebraron. A las distribuidoras de combustibles ya no les quieren dar más permisos para importar, almacenar o abrir gasolineras. Los generadores de electricidad y los desarrolladores de energía renovable enfrentan el amago de nuevas reglas y políticas de precios que harían inviables sus negocios.

 

Las peticiones que la CFE y Pemex han enviado a la Comisión Reguladora de Energía (CRE) plantean acciones que desplazarían a particulares, destruirían inversiones y promoverían una competencia desleal. Las constructoras no encuentran obra. Las vendedoras de tecnología no hallan compradores. Amén de que no hay más rondas ni subastas.

 

El Presidente niega que él quiera restablecer los monopolios energéticos y dice que su objetivo es recuperar la función social de las “empresas del pueblo”. Sin embargo, la CRE ha sido capturada y ahora –como ya lo reconoció la Concamin– responde a instrucciones de Pemex y CFE, cambiando las reglas del juego sin consultar con la IP.

 

Esto no beneficiará a Pemex y CFE ni a los consumidores. Para fortalecer a Pemex, éste requeriría una administración de primer nivel con un proyecto visionario para refundarlo, desligarlo de las finanzas públicas y capitalizarlo, lo cual no se logrará decretando ventajas desleales o cerrando espacios al sector privado.

 

Pemex y CFE no tienen, ni remotamente, tecnología ni presupuestos suficientes para asegurar la expansión de la industria energética y el crecimiento económico del país. Sin regulación ni competencia, acabarán necesitando más subsidios para no subir sus precios al consumidor. Y no podrán por sí solos abastecer una mayor demanda, si acaso la economía vuelve a crecer.

 

López Obrador emplea recursos públicos para construir bases clientelares. Piensa que el Estado debe operar la industria energética y así obtener utilidades que se pueden repartir entre la población mediante programas sociales. Pero, con sus reservas mermadas y sin capitalización vía alianzas o Bolsa, Pemex ya no podrá ser la gran máquina generadora de dinero que era antes. Se requiere que la IP aporte al sector y al país.

 

López Obrador sólo tenía que seguir fomentando la inversión privada y no revertir reformas para poder impulsar el crecimiento. Pero se pegó un tiro en el pie y frenó la actividad económica. Con esas ideas, ¿qué tipo de plan de infraestructura energética puede proponer al sector privado? ¿Un plan donde la IP se someta en todo a sus caprichos y a las exigencias de empresas estatales disfuncionales?

 

Se pensó, hace poco, que el gobierno de la 4T apoyaría la inversión privada. Pero ha impuesto ideología, no ha respetado derechos y espacios, no ha escuchado, no ha conciliado. El reto para los empresarios será lograr que el gobierno colabore de buena fe con ellos. Pero ello implica vencer recelos y prejuicios que están muy arraigados en una forma de pensar tradicionalista. Si no lo logran, ellos y el país tienen mucho que perder.

 

Léalo aquí en el periódico Reforma.

David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: david.shields@energiaadebate.com