Alianzas o fracaso, el dilema de Pemex

05 / MAR / 2019
David Shields


Alianzas o fracaso, el dilema de Pemex

¿Cuándo habrá cambios a fondo en Petróleos Mexicanos (Pemex) y otra actitud por parte del Presidente López Obrador que no desanime los planes de inversión privada en energía? Es lo que preguntan las agencias crediticias. Esperan una fuerte inyección de capital del gobierno federal para salvar la calificación de Pemex. Pero ni así se asegurará un mejor desempeño operativo de la empresa estatal.

 

Con la producción petrolera a la mitad de sus niveles de hace 15 años y con varias refinerías paradas, Pemex requiere una cirujía mayor y de emergencia en sus formas de operar y en lo fiscal, lo administrativo, lo laboral y lo sindical. Y castigar a los corruptos que causaron la debacle. Acciones que aún no se ven por ningún lado.

 

Por lo pronto, Pemex ha puesto en marcha un Programa de Desarrollo Acelerado de Campos para impulsar la producción petrolera, pero es un plan insuficiente y miope en su visión y sus alcances, ya que se basa en la explotación a corto plazo de campos pequeños por contratistas nacionales, algunos de ellos con capacidades endebles y limitadas.

 

De unos 20 campos --16 en aguas someras y 4 en tierra-- a ser desarrollados en ese programa, sólo uno, el campo terrestre Ixachi en Veracruz, tiene un potencial importante. Se perforarán 120 pozos en total, 34 de ellos en Ixachi, pero esto no dará un gran impulso a la producción en el mediano plazo.

 

Tristemente, los megayacimientos del sureste ya dieron de sí y carecen de planes adecuados de remediación y recuperación mejorada. No hay dinero para esto ni para un esfuerzo exploratorio que abra nuevos horizontes. Siendo así, con la política planteada por este gobierno, Pemex lograría sólo un incremento marginal de nueva producción en este sexenio, sin detener la declinación de los yacimientos mayores y sin descubrir nuevos campos para el futuro.

 

Se requiere una fuerte inyección de capital privado para respaldar las actividades productivas de Pemex. Pero no hay una gran iniciativa en este sentido por parte de Hacienda, ni de Rocío Nahle y Octavio Romero, quienes quieren apoyarse sólo en la experiencia de trabajadores y ex petroleros con visiones autárquicas rebasadas.

 

Hay dos opciones para atraer ese capital. Una, tal vez la menos promisoria, sería aislar a algunos proyectos rentables y buscar financiamientos para ellos en Bolsa. La otra sería promover asociaciones con compañías líderes, sobre todo tipo farmouts, que aporten capital y tecnología para la exploración y desarrollo de las muchas áreas petroleras que la Ronda Cero concedió a Pemex y hoy están abandonadas.

 

Hoy, Pemex no tiene manera de invertir en más de la mitad de las áreas asignadas en la Ronda Cero. Y ojo: la mayoría son áreas con mayor prospectividad que las que se concursaron entre compañías privadas en las rondas de la Reforma Energética. Habría que lograr que esas áreas tengan niveles de actividad óptimos y eso sólo sería posible con inversión privada cuantiosa en apoyo a Pemex a través de un modelo mixto de inversión.

 

Otros tipos de alianzas ayudarían a rehabilitar o construir refinerías, sobre todo si Pemex estuviera abierto a compartir la propiedad de éstas, en lugar de venerarlas como si fueran catedrales de un viejo nacionalismo petrolero, custodiadas por el sindicato.

 

Promover masivamente asociaciones con capital privado, nacional y extranjera, enviaría un mensaje poderoso de sensatez sobre el futuro de Pemex. Es una medida imprescindible, pragmática, aunque no guste ideológicamente. Es lo mínimo y lo más obvio que se tiene que hacer para rescatar a Pemex. No es ceder ante el capital privado, es realismo, es diversificar cartera, es fortalecer a la empresa estatal. Si no es por esta vía, es difícil imaginar cuál sería el cambio de paradigma que pudiera evitar la degradación crediticia de Pemex y brindarle un futuro promisorio.

 

Hay que sumar a todos, incluyendo a nuevos actores, en el proyecto petrolero del país, y no restar y debilitar con ideología. Si esto no sucede, es previsible que fracasarán Pemex, López Obrador y también México.

 

(Artículo públicado hoy en el Periódico Reforma. Consúltelo en esta liga).


David Shields es analista de la industria energética. Su correo: david.shields@energiaadebate.com

 

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