COP 16: ¿quién marca la pauta?

1 / Jul / 2010
destacados


Energía a debate, Julio-Agosto 2010


Como los países en desarrollo aportarán el mayor crecimiento de las emisiones futuras de carbono, será esencial que las naciones industrializadas den un ejemplo de liderazgo en sus acciones para reducir emisiones.


Javier Pérez Barnés*



Hacia fines de este año, México será el anfitrión de la próxima cumbre mundial sobre cambio climático, tema que hoy cobra una creciente y crítica relevancia para todas las naciones del orbe. Para evaluar las perspectivas de éxito de esa cumbre, vale la pena recordar el camino ya recorrido y tomar nota de los esfuerzos actualmente en proceso, sobre todo en Estados Unidos, país que tiene una importancia decisiva en el tema.

En la Tercera Conferencia de las Partes -COP 3- de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, efectuada en Kioto, Japón, en 1997, las partes involucradas acordaron el llamado Protocolo de Kioto, que comprometió a la mayoría de los países miembros de la OCDE -países del Anexo I- a fijar objetivos de reducción de gases de efecto invernadero para el periodo 2008-2012. (1)

Uno de los principales objetivos de la COP 15, efectuada en diciembre del año pasado en Copenhague, fue impulsar un instrumento internacional jurídicamente vinculante, que fuese más ambicioso al establecido en el Protocolo de Kioto. Sin embargo, después de dos semanas de intensas negociaciones, no se logró el objetivo, en parte, debido a un borrador circulado por la delegación de Dinamarca, que planteaba un nuevo esquema de reducción de emisiones fuera de dicho protocolo. Varios países pertenecientes al G-77, en consecuencia, amenazaron con abandonar las negociaciones.

Los líderes europeos llegaron a Copenhague, dando la impresión de que su ejemplo sería suficiente para persuadir a otros países en hacer concesiones. Sin embargo, la conferencia dio un giro inesperado, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, negoció directamente con los delegados de Brasil, China, India y Sudáfrica en una reunión privada, justo cuando las negociaciones estaban a punto de colapsarse. Dichos países fueron los que finalmente lograron un acuerdo, el cual fue presentado, posteriormente, a la Unión Europea y a otros participantes.

Europa se sintió traicionada por Estados Unidos e India, aunque el mayor resentimiento fue dirigido hacia China, dada la percepción que incitó secretamente a países aliados para obstruir el acuerdo. China argumentó que las amenazas recibidas por parte de la Unión Europea, en términos de tarifas para productos chinos, alimentaron su temor que Occidente quisiera imponer impuestos a su crecimiento económico. Para China e India que están en pleno desarrollo, controlar sus emisiones significaría frenar su progreso, y sacrificar logros en la calidad de vida de sus miles de millones de habitantes.

Finalmente, el conflicto fundamental entre los países desarrollados, que se enfocan en las emisiones absolutas, y los países en desarrollo, que enfatizan las emisiones per cápita, se observa difícil que se resuelva en el corto plazo. En este sentido, Estados Unidos argumentó que la cumbre vino de forma temprana, dado que la Unión Europea pensaba que Obama podía comprometerse a establecer límites de emisiones, que el Senado no estaría dispuesto a aprobar.

Estados Unidos: un actor fundamental

En junio del año pasado, la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aprobó con poco margen la iniciativa de ley Waxman-Markey (2) sobre cambio climático, bajo la premisa que creará millones de empleos “verdes” y disminuirá la dependencia energética de EUA hacia al exterior. Sin embargo, la creación de una economía menos intensiva en carbono también puede tener el efecto de destruir empleos. Por ello, el Presidente Obama tendrá que convencer a los americanos que los costos son menores a los beneficios de evitar una catástrofe ambiental planetaria.

La ley propone emitir un número fijo anual de permisos de carbono, que las compañías deberán comprar antes de liberar las emisiones a la atmosfera. Los permisos serían comercializables y su número declinaría gradualmente. Es decir, tomando como base las emisiones de 2005, el objetivo es reducirlas 17% para 2020 y 83% para 2050.

Bajo el esquema cap and trade de la ley, las compañías que enfrenten reducciones obligatorias tienen tres opciones:

1) invertir en proyectos internos para reducir emisiones;

2) comprar permisos adicionales en un mercado abierto de carbono; o

3) invertir en proyectos internacionales que califiquen como créditos de compensación. La decisión final dependerá de los costos relativos de cada opción. El límite de créditos de compensación estaría dividido 50/50 entre proyectos domésticos e internacionales.

Asimismo, para que los proyectos de compensación (3) sean considerados viables deben ser “adicionales”, lo que significa que provienen de actividades que no ocurrirían en ausencia de un incentivo de compensación. Además, las reducciones de emisiones deben ser cuantificables, permanentes y verificables por auditores independientes.

En este sentido, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) estimó que los costos directos de la ley para los consumidores en 2020 serán de 175 dólares americanos por año (por familia), a pesar que una reciente encuesta indicó que sólo 30% de los americanos estarían dispuestos a pagar por el monto señalado (ver gráfica 1). Adicionalmente, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) estimó que 1.4 billones (millones de millones) de dólares –trillions en inglés- irían al exterior para cubrir las reducciones obligatorias establecidas en el proyecto de ley, lo que no tiene muy contentos a los Republicanos.

Actualmente, los senadores John Kerry y Joe Lieberman han retomado en su borrador legislativo las mismas metas de reducción de emisiones establecidas en la iniciativa Waxman-Markey. (4) Sin embargo, hay un obstáculo importante que puede bloquear el camino para que el Senado apruebe una ley sobre cambio climático en Estados Unidos: la proporción de americanos que creen que existe “evidencia sólida” que la Tierra se está calentando, ha disminuido significativamente en relativamente poco tiempo (ver gráfica 2).

Gráfica 2. ¿Hay evidencia sólida de calentamiento global? (Opinión pública en EUA)

Aún entre los americanos que si creen en el cambio climático, una reciente encuesta de Gallup refleja que 85% opina que el gobierno debería dar mayor prioridad al arreglo de la economía, con sólo 12% opinando lo contrario.

Finalmente, el proyecto de ley Waxman-Markey no ha podido conciliar la visión de los ambientalistas con la de los negocios, a pesar que apuntó por debajo del Plan 20-20-20, establecido en diciembre de 2008 por la Unión Europea, que compromete a los 27 países europeos a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en 20% y a incrementar el uso de fuentes de energía renovables al 20% del uso total de energía. Asimismo, se comprometen para el 2020 a reducir en 20% el consumo de energía con la mejora de su eficiencia energética.

Hacia la COP 16 en México

Funcionarios americanos y europeos, están de acuerdo que la COP 15 representó una desilusión. Sin embargo, el gobierno chino calificó los resultados de la conferencia como “excelentes”. Esto afecta la posición de China frente a la Unión Europea, al ya no considerarla una posible aliada en materia de cambio climático frente a Estados Unidos. La estrategia europea para presionar a otros países, con el fin de que igualaran sus mismas concesiones, tampoco dio los resultados esperados.

Lo destacable de la conferencia es que se acordó frenar el incremento de la temperatura global en menos de 2°C, con el fin de evitar consecuencias catastróficas para el planeta, y se fijó una fecha límite para que los países desarrollados establecieran objetivos concretos de emisiones para 2020.

Asimismo, los países desarrollados –países del Anexo I– otorgarán recursos adicionales del orden de 30 mil millones de dólares para el periodo 2010-2012 en materia de adaptación y mitigación, enfocados en los países más vulnerables, sumado al establecimiento de un fondo verde –alimentado por fuentes públicas y privadas– diseñado para apoyar proyectos y programas en países en desarrollo.

Sin embargo, la debilidad del acuerdo radica en que la conferencia terminó con una declaración no vinculante, y sin objetivos específicos de emisiones. México será el anfitrión de la COP 16 este año –que se llevará a cabo del 29 de noviembre al 10 de diciembre en Cancún, Quintana Roo– en donde será esencial incrementar los niveles de cooperación existentes, para lograr un acuerdo vinculante, que comprometa a todas las naciones a reducir sus emisiones de efecto invernadero.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos diseñó una ley proteccionista y llena de excepciones, que otorga permisos gratis a las industrias que más deberían reducir sus emisiones. (5) Esto puede tener efectos contraproducentes: al subsidiar las emisiones de las plantas eléctricas de carbón, su electricidad permanecerá barata, fomentando el consumo eléctrico y las emisiones de carbono. La oportunidad para co-rregir estas distorsiones está ahora en el Senado.

Aunque no se prevé que el Senado de Estados Unidos apruebe una ley sobre cambio climático en el corto plazo, el Presidente Obama está atacando el problema paso a paso. Recientemente, presentó un plan para promover a los biocombustibles como fuentes limpias de energía, y alternativas para reducir emisiones provenientes del carbón en la generación eléctrica. En este sentido, la iniciativa Kerry-Lieberman, que visualiza una reducción del 40% en las importaciones de crudo hacia 2030, necesita atraer 60 votos para romper la resistencia republicana, que dependerá en cierta medida de la respuesta de la industria del carbón y el desenlace del derrame de crudo en aguas del Golfo de México.

Es urgente lograr la aprobación de la ley antes de la COP 16, dado que se enviaría un mensaje positivo a las economías emergentes –como China e India– que Estados Unidos tiene un compromiso serio para combatir el cambio climático. Este punto es de vital importancia si consideramos que en el futuro 80% del crecimiento de las emisiones de carbono provendrán de los países en desarrollo.

(1) Las reducciones están enfocadas en seis tipos de emisiones de efecto invernadero: CO2, CH4, N2O, HCF, PFC, SF6, consideradas por los expertos como causantes del cambio climático en la Tierra. En promedio, los países que son parte del Anexo I, tendrán que reducir al menos 5% de sus emisiones de efecto invernadero en relación a sus niveles de emisión reportados en 1990. Aquellos países que no forman parte del Anexo I, incluyendo a México, no tienen compromisos de reducción de emisiones para el periodo 2008-2012.
(2) También conocida como la iniciativa: American Clean Energy and Security Act.
(3) Los proyectos compensatorios, en total, pueden contribuir con 2 mil millones de toneladas de CO2 equivalentes anualmente.
(4) Aunque el borrador de ley -llamado American Power Act- es menos estricto en cuanto a las reducciones de emisiones de carbono de alto costo.
La ley otorga 30% de los permisos gratis disponibles a plantas a base de carbón y sólo 9% a las plantas de gas natural.
(5) La ley otorga 30% de los permisos gratis disponibles a plantas a base de carbón y sólo 9% a las plantas de gas natural.



• Asesor en temas internacionales en la Dirección Corporativa de Administración de Petróleos Mexicanos (Pemex). Ingeniero químico de la UNAM y maestro en Ecological Economics de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido .

Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión
de temas energéticos, editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.

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