Petróleo: ¿engaño tras engaño?

18 / SEP / 2018
Especialistas

Andrés Manuel López Obrador ha recriminado al gobierno de Enrique Peña Nieto por no alcanzar sus metas de producción petrolera y por entregarla en niveles inferiores que a principios de sexenio. La Reforma Energética, dice, fue un “vil engaño”. AMLO promete frenar y revertir ese declive petrolero. Sin embargo, ha fijado metas de incremento que son todavía más ambiciosas, en términos volumétricos y porcentuales, que las que estableció Peña Nieto. ¿Lo podrá lograr? ¿O su compromiso será sólo otro engaño?

El Presidente electo dice que aumentará la extracción petrolera de 1.8 a 2.6 millones de barriles diarios, es decir, en 44 por ciento. Sólo una vez antes se logró un incremento de esa magnitud, en el sexenio de López Portillo, cuando se descubrió y se puso a producir Cantarell, el segundo yacimiento más grande en la historia del mundo, que hoy está casi agotado.

Pero México ya no cuenta con yacimientos gigantes y supergigantes en plenitud, excepto Ku-Maloob-Zaap, de crudo extrapesado, que está a punto de declinar. Tampoco ha habido descubrimientos para restituirlos. Las reservas probadas de aceite son de 6.5 mil millones de barriles, suficientes para apenas un sexenio más. Entonces, ¿cómo y dónde logrará AMLO un fuerte aumento de la producción? ¿Qué yacimientos tiene él que no tuvo Peña Nieto?

AMLO quiere poner a compañías de servicios de Pemex a perforar muchos pozos en mar y en tierra en el sureste. Sin embargo, Pemex, en este siglo, ya mandó perforar miles de pozos que resultaron poco rentables por su baja producción. Hoy, el costo promedio de perforar y producir un barril de crudo en México es muchísimo más alto que hace una década. De nada le serviría a Pemex perforar pozos que cuestan 2 millones de dólares o más cada uno, si la producción es escasa en la mayoría, pegándole a las finanzas de la petrolera.

Sin duda, hay un gran potencial petrolero no probado en el país, pero, para cambiar tendencias radicalmente, Pemex tendría que hacer inversiones de un orden de magnitud muchísimo mayor que los 75 mil millones de pesos anuales que plantea AMLO, lo cual está fuera de los alcances presupuestales. Además, se requeriría otro régimen fiscal.

Las mejores opciones serían el fracking y el desarrollo de aguas profundas, pero AMLO prohíbe el primero y le cancela a Pemex el segundo porque no beneficiaría a los proveedores petroleros del sureste. Ambas opciones caen dentro del ámbito de la Reforma Energética de Peña, cuya virtud es que las inversiones son privadas, ajenas al presupuesto. Pero los resultados se verían a mediano y largo plazo, no en tres o cuatro años para abastecer la nueva “refinería del Presidente”.

Por lo pronto, no hay más campos gigantes. Las pocas reservas probadas que hay, ya están en desarrollo, no hay hallazgos suficientes para compensar la declinación de yacimientos maduros y no hay dinero suficiente para que Pemex explore masivamente. ¿Con qué yacimientos pretenden elevar la producción? ¿Con cuánto dinero, cuántos pozos y en cuánto tiempo? Si AMLO y su equipo no pueden contestar esas preguntas con un plan robusto y bien definido, su promesa no tiene sustento.

La administración de Peña Nieto prometió elevar la producción, pero subestimó –por mucho– las dificultades y los tiempos para poder hacerlo. Hoy, AMLO comete la misma imprudencia. Es probable que la producción del país aún caiga más antes de estabilizarse, para repuntar años después.  No subirá sólo por voluntad política.

A López Obrador no le faltarán quienes le aplaudan y se ofrezcan a perforar pozos y a construirle su refinería. Pero hay mucho personal técnico experto, en Pemex y entre sus jubilados, que pueden confirmar que los campos del sureste, en mar y en tierra, no dan para revertir la caída de la producción. AMLO necesita escuchar esas opiniones y no sólo a su equipo, o a quienes lo vitorean y halagan para promover intereses particulares.

La duda es: ¿habrá petróleo crudo, en volumen y calidad suficientes, para abastecer su nueva refinería? Todo indica que no.

David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: david.shields@energiaadebate.com

Lea el artículo en el periódico Reforma aquí.

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