Noruega, ejemplo de soberanía energética

10 / SEP / 2018

 

SALVADOR BARRAGAN HEREDIA*

Noruega, ejemplo de soberanía energética

El derecho energético es dinámico porque evoluciona al ritmo del avance tecnológico y es perfectible, porque sus normas deben ser revisadas constantemente de acuerdo con circunstancias cambiantes con miras a mejorar la calidad de vida. En ese contexto, Noruega es un ejemplo que seguir de política energética.

Se trata de una nación invadida durante la Segunda Guerra Mundial por el ejército nazi, tragedia que causó la pérdida de miles de ciudadanos y destrucción masiva por todo su territorio. Aún con la devastación, la nación nórdica fue capaz de levantarse para generar uno de los PIB per cápita más apetecibles del mundo actual, que ofrece a los suyos 93,530 dólares anuales, lo que se consolida como una de las principales economías de mayor prosperidad y desarrollo. El factor determinante de éxito es la política energética de Noruega, veamos:

En las últimas décadas los esfuerzos se concentraron en establecer políticas públicas dirigidas a crear instituciones gubernamentales compactas, pero altamente eficientes para ofrecer alta calidad en los servicios a sus gobernados. Para ello, estableció un sistema jurídico capaz de garantizar el respeto al Estado de derecho, mediante importantes reformas orientadas al bienestar general del ciudadano. Esto posicionó a la nación nórdica a ofrecer los mejores índices en años de vida, salud, educación y calidad de vida, según el Informe de Desarrollo Humano de 2017 de la ONU.

Mediante referéndum en 1972 y 1994, los noruegos determinaron rechazar su incorporación a la Unión Europea, ya que consideran que los ingresos derivados de los hidrocarburos deben ser únicamente aprovechados en proyectos de infraestructura por la nación, lo que constituye un elemento en su política energética de soberanía nacional e incluso se consideran capaces de enfrentar a las grandes trasformaciones de la apertura comercial mediante una planeación altamente visionaria.

En 1966 se logró el primer descubrimiento en la plataforma continental, lo que constituyó desde entonces una palanca de desarrollo nacional hasta la actualidad cuando extrae 2.1 millones de barriles diarios de petróleo crudo y representa el 40 por ciento del Producto Interno Bruto, considerando ingresos petroleros, inversiones y valor de las exportaciones y servicios asociados.

En la actualidad, la política energética de Noruega tiene por ejes de acción la creación de valor, sustentabilidad, eficiencia y rentabilidad de las operaciones, transparencia, crecimiento económico y visión a futuro. Lo anterior puede constatarse en el reporte Desempeño de Arquitectura Energética del Foro Económico Mundial, que mide indicadores de políticas públicas relativas a seguridad energética, sustentabilidad y crecimiento económico, publicación que sitúa a Noruega como la segunda potencia energética de 127 países, superado sólo por Suiza.

La política energética de Noruega se basa en establecer seguridad energética, entendida ésta como el suministro suficiente de petróleo para su mercado interno, calidad de sus productos y precios asequibles. Además, se fundamenta en la sustentabilidad de sus operaciones y transparencia, vigilancia y rendición de cuentas, que constituye la espina dorsal de su desarrollo energético.

Marco jurídico de Noruega

Noruega, ejemplo de soberanía energética

Adicionalmente, la política energética de Noruega debe analizarse a partir de los ordenamientos jurídicos que regulan la actividad petrolera, como es la Constitución del Reino de Noruega y la Ley de Petróleo de fecha 29 de noviembre de 1996, la cual tiene por objeto regular las actividades petroleras y establecer el sistema de licencias para incrementar el valor económico de la industria petrolera.

La política energética es ejercida por los Poderes Legislativo (Storting) y Ejecutivo, incluidos los Ministerios de Petróleo y Energía, Medio Ambiente, Trabajo, Comunicaciones, Pesca y Costas y Finanzas, instituciones que establecen en sus bases de acción como estrategia fundamental el aprovechar al máximo los recursos naturales, considerando que en términos constitucionales los recursos naturales son de la Nación. Asimismo, el texto fundamental establece que la violación por parte del Poder Legislativo o Ejecutivo constituye una violación a su soberanía.

En ese sentido, la Ley del Petróleo constituye la base jurídica general para la gestión racional de los recursos, incluido el sistema de concesión de licencias que otorga a las empresas el derecho de realizar operaciones petroleras. La ley establece que el Estado noruego tiene el derecho de propiedad sobre los yacimientos de petróleo submarinos en la plataforma continental noruega.

La política energética de Noruega está diseñada con una visión a largo plazo y se encuentra orientada a la generación de inversión y estabilidad económica. La transición energética representa un elemento primordial de sus estrategias aun cuando se trata de uno de los principales exportadores de petróleo en el mundo. La diversificación de su matriz y la eficiencia energética constituyen elementos de importancia que se observan en su política pública. Otro elemento que destacar es la confianza de los inversionistas que se desprende no solamente del compromiso noruego a largo plazo para satisfacer la demanda creciente de energía, sino también por el respeto a las instituciones y a la seguridad jurídica de sus operaciones.

El modelo de política energética de Noruega incluye la visión a futuro y es una referencia internacional en materia de sustentabilidad, ya que la Constitución del Noruega de 1814 (la segunda más antigua del mundo) protege los recursos naturales para las próximas generaciones, al establecer en su artículo 110, “que los recursos naturales serán utilizados partiendo de consideraciones a largo plazo y universales, que salvaguarden este derecho también para generaciones venideras.”

Atendiendo a lo anterior, el gobierno de noruega instituyó en 1990 el Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega con el objeto de traspasar la renta petrolera generada en nuestros días a proyectos de infraestructura hacia el futuro, con lo cual se garantiza que las generaciones venideras puedan usar, gozar y disfrutar (ius utendi, fruendi y abutendi) de la explotación de la actividad petrolera actual. El Fondo fue creado en 1990 y constituye un instrumento de inversión eficaz, ya que actualmente cuenta con más de 900 mil millones de euros, lo que los posiciona como el fondo soberano más grande del planeta. El Fondo ha podido contener los efectos negativos del fenómeno conocido como la paradoja de la abundancia o la maldición de los recursos naturales, que se presenta en Venezuela, Iraq, Nigeria, Rusia, Arabia Saudita e Irán, países que mantienen una alta dependencia de ingresos derivados del petróleo en la economía.

El caso de Noruega constituye un ejemplo de competitividad y progreso. Entre sus principales desafíos para los próximos años se encuentra el mantener la plataforma de producción en niveles óptimos y generar el valor agregado requerido para su producción. Se espera que el incremento de las cotizaciones internacionales del precio del petróleo permitan generar mayor inversión destinada a la investigación y desarrollo, así como a la expansión de sus operaciones. Los elementos que le han permitido mayor éxito se encuentra la planeación estratégica y su política visionaria que le ha permito aprovechar su industria petrolera al máximo posible para constituir una verdadera palanca de desarrollo para los suyos.

México, visión de política energética

En el caso de México hay que en el año 2008 el Poder Legislativo aprobó una serie de reformas orientadas al sector energético, constituyendo un importante paso para la modernidad y fortalecimiento de la industria de hidrocarburos. No obstante, el esfuerzo resultó insuficiente, ya que no se generó el crecimiento económico esperado para reducir la brecha de desigualdad social. Tampoco se recuperó la seguridad energética garantizando el suficiente abasto interno, en otras palabras, recuperar el orgullo nacional, convirtiendo el sector de hidrocarburos en palanca del desarrollo nacional.

Noruega, ejemplo de soberanía energética

Fue hasta el año 2013, cuando se promulgó una reforma constitucional a los artículos 25, 27 y 28 con lo cual se inició una etapa histórica de apertura energética en el sector de hidrocarburos. Sin embargo, hay que reconocer que la reforma ha resultado de nueva cuenta insuficiente ya que no se generó el crecimiento económico esperado en el corto plazo y continúa laceradamente el incremento de pobreza a lo largo del territorio nacional.

En mi opinión, el caso de Noruega es un referente importante para la política energética, ya que el Proyecto de Nación del candidato electo, Andrés Manuel López Obrador, destaca su visión respecto de la Soberanía Energética, esto es que México no debe depender del exterior para garantizar precios asequibles de los combustibles, evitando la importación de petróleo crudo y refinados, manteniendo una plataforma petrolera capaz de producir lo suficiente mediante el aumento de la capacidad de refinación para abastecer primordialmente el mercado nacional.

Lo anterior será la premisa de la rectoría energética a seguir de cara al futuro, lo cual es viable jurídicamente y necesario para mitigar la brecha de desigual social que persiste en nuestro país. Así como Noruega le aposto a la soberanía energética con éxito admirable, México debe ser capaz de establecer independencia energética y convertir a la industria de hidrocarburos en una verdadera palanca de desarrollo nacional.

Para los críticos y escépticos de este modelo de independencia energética, es conveniente observar los modelos de Arabia Saudita, Rusia y Noruega, en los cuales la premisa fundamental es la utilización de la industria de hidrocarburos como palanca de desarrollo nacional. Hay que apuntar, además, que a pesar de los esfuerzos por diversificar la matriz energética mundial y sustituir a la gasolina, lo cierto es que se proyecta que el petróleo crudo seguirá siendo la fuente de combustible más importante para las próximas cuatro décadas, razón por la cual es indispensable y recomendable que la Política Energética a seguir le apueste al crecimiento de la capacidad de refinación y al fortalecimiento de la industria de hidrocarburos de cara hacia el futuro.

Finalmente, si bien es cierto que se han presentado importantes avances en materia energética en los últimos años, no menos verdad lo es que todavía falta mucho trecho por recorrer. México es capaz de transformarse en el país que todos queremos y para ello, es fundamental fortalecer a la industria petrolera nacional para constituir una verdadera palanca de desarrollo que sea motivo de orgullo nacional.

* Doctor en Derecho. Presidente de la Comisión de Derecho Energético de la Asociación Nacional de Doctores en Derecho. Profesor de Doctorado de Política Energética, Regulación de la Industria de los Hidrocarburos y de Reforma Energética. contacto: Email sabarragan@hotmail.com Twitter: @sabarragan

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