Políticas públicas e instituciones en el uso sustentable de la energía

08 / JUL / 2018
Especialistas

Alejandro Angulo Carrera* / Energía a Debate

Sin duda alguna, las políticas públicas y las instituciones juegan un papel dinamizador en las grandes transformaciones, así como en el mercado, lo que se traduce en un impulsor de la economía nacional, siempre y cuando sean éstas atinadas.

Según el informe titulado “Informe Nacional de Monitoreo de la Eficiencia Energética de México 2018” (CONUEE, 2018), en el periodo de 25 años que va de 1990 a 2015, el consumo de energía observó un incremento del 74.1% en México, contra una tasa de crecimiento anual del consumo de energía que ha llegado a ser de menos de 1% en el período 2005-2015, menor a las tasas de crecimiento que se presentaron en períodos anteriores. El documento señala que México sigue siendo un país altamente dependiente de hidrocarburos, ya que para el mismo periodo (1990 -2015) aproximadamente el 85% del consumo nacional energético provenía del petróleo, gas natural y de sus respectivos derivados.

Pero, por otra parte, pese al despegue de las energías renovables en la última década, y que se cuenta con la infraestructura para aprovecharlas, su participación en el consumo nacional de energía cayó de 11.3% en 1990 a 7.6% en 2015.

No obstante, la creación (28 de noviembre de 2008) de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE), que vino a reemplazar a la CONAE, coincide con la entrada en vigor de la Ley para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía (LASE), misma que estableció a la CONUEE como el órgano de carácter técnico en materia de aprovechamiento sustentable de la energía y encargado de promover la eficiencia energética en el país. Sus objetivos no estaban enfocados en promover un mayor uso de energías renovables, pues la columna vertebral de la llamada Reforma Energética descansaba en la fuente de los hidrocarburos, aunque en el mismo año de 2008 se promulgó la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética (LAERFTE) y con ella se estableció la creación del Fondo para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía (FOTEASE), encaminado a potenciar el financiamiento para la transición energética, el ahorro de energía, las tecnologías limpias y el aprovechamiento de las energías renovables.

El FOTEASE se orientó de manera activa al desarrollo de programas de eficiencia energética promoviendo programas para acelerar la sustitución de equipos y luminarias ineficientes en el sector residencial desde 2009.

Sin embargo, con la aparición de la Ley de Transición Energética en diciembre de 2015, que abrogó y sustituyó a la LASE y la LAERFTE, en la cual se estableció que la Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios se convertiría en el instrumento de planeación de mediano y largo plazos de la política nacional de energía en materia de energías limpias y eficiencia energética, estableciendo metas y una hoja de ruta para implementarlas, contaría con revisiones y evaluaciones periódicas, y los programas especiales como el Programa Nacional para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía (PRONASE) que deberían alinear sus metas en el corto plazo y contribuir con la Ley General de Cambio Climático.

Con base en lo anterior, se podría considerar una buena arquitectura para el sector energético, que impulsará fuertemente la sustitución de fuentes de energía fósil, ya que se tenía un marco jurídico, programas gubernamentales y un mecanismo de financiamiento.

Pero algo no se pudo completar del todo y, a decir verdad, fue en la orientación de las políticas públicas y en particular, la Estrategia, pues los programas de eficiencia energética relevantes en México y acciones de ahorro se enfocaron en el cambio de hábitos y mejores prácticas, el uso de equipos y sistemas con los mayores niveles de eficiencia y, finalmente, el aprovechamiento óptimo de la infraestructura y materiales relacionados con la energía, a través de tres líneas generales:

  1. La normalización de equipos, productos y sistemas consumidores de energía para asegurar que los que entran al mercado lo hagan con los mayores niveles de eficiencia energética.
  2. Los programas de apoyo a los usuarios finales de energía para promover la sustitución de equipos y sistemas de baja eficiencia por los de mejor desempeño energético.
  3. Los programas de información y educación a diversos conjuntos de usuarios para orientarlos hacia las mejores prácticas en el uso de la energía.

Tan sólo en el componente de Programa de Mejoramiento Sustentable en Vivienda Existente, se encontró evidencia de apoyar al sector residencial en la adquisición de tecnología sustentable a fin de reducir el gasto familiar por concepto de consumo eléctrico. Dichas tecnologías participantes consisten en sistemas fotovoltaicos, calentador de gas eficiente, calentadores solares, aires acondicionados y aislamiento térmico, entre otros.

 

Políticas públicas e instituciones en el uso sustentable de la energía

Políticas públicas e instituciones en el uso sustentable de la energía

Pese a lo anterior, el Informe consigna que la generación distribuida, aquella que se encuentra interconectada a un circuito de distribución con altas concentraciones de centros de carga y generadores exentos con capacidad menor a 0.5 MW, ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años. Si bien la capacidad instalada es poca en comparación con las centrales grandes, esta pasó de tres kilowatts (kW) instalados en 2007 a 132 MW en 2015, lo que significó un crecimiento promedio anual de más de 280,5%.

Asimismo, el auge por las energías renovables hacia finales de la década anterior provocó un interés creciente por la generación de electricidad mediante generación distribuida, incrementándose exponencialmente de 0.001 GWh a 54 GWh entre 2000 y 2015. Destaca que la mayor contribución fue la de los sistemas fotovoltaicos interconectados a la red, seguida del biogás y en menor proporción la biomasa, los sistemas híbridos y la eólica de pequeña escala, pero sobre todo en el sector residencial.

Sólo resta decir que de acuerdo al Inventario de gases de efecto invernadero, con base en el 2015, la cantidad de MtCO2e fue de 683, en donde el sector energía participa con 481 MtCO2e que equivale a 70.41% del inventario total, razón de peso para acelerar la transición energética en el país, pues no bastará con eficientizar tanto la producción como el consumo energético, sino que habrá de sustituir las fuentes de energía hacia aquellas renovables.

Por ello, se recomienda lo siguiente:

  • Reformular las políticas públicas en la siguiente administración federal, orientándolas hacia el uso de energías renovables.
  • Fortalecer el mecanismo de financiamiento actual (Fideicomiso) y crear otros más como el Bono Solar.
  • Darles competencia a los estados en materia de energías, sobre todo en lo que toca a energía distribuida, para apoyar a las Pymes y el sector residencial de más bajos ingresos.
  • Impulsar tanto la inversión privada en su modalidad de empresa, como de cooperativas, en la generación de energía distribuida.
  • Exentar del IVA la compra de equipos fotovoltaicos para casa habitación, hasta por 5 paneles solares.
  • Establecer en la legislación estatal la figura de impacto energético, obligatoria para la industria, a fin de incorporar como mínimo un 5% de energías renovables.

* Coordinador del área de inteligencia ambiental de la firma Punto Cero para el Desarrollo SC.

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