¿El fracking será exitoso en México?

12 / SEP / 2017
especialistas

Leer el artículo en el periódico Reforma aquí .

En fecha próxima se lanzará la Licitación 2.5 de las rondas petroleras, orientada a yacimientos convencionales y no convencionales en tierra. Por primera vez en México se licitarán campos de shale donde se usará la tecnología de fracturamiento hidráulico (fracking), que ha sido la base de la revolución energética en Estados Unidos. El fracking ha permitido a ese país surtirnos masivamente el gas que no hemos sabido producir en México.

Como paso previo a esa licitación, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) publicó los lineamientos para la protección y conservación del agua en este tipo de explotaciones el 30 de agosto pasado. Esas reglas complementan el marco regulatorio para el fracking, que ya habían emitido la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) en cuanto al diseño técnico de los pozos y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) sobre emisiones, mitigación de riesgos sísmicos y otros aspectos ambientales.

México posee grandes ventajas en cuanto a recursos, logística y mano de obra para explotar shales. Pero la regulación emitida por Conagua implicará costos casi prohibitivos para los futuros operadores, sobre todo por la obligación de construir una red de monitoreo del agua en toda el área contractual con una densidad de un pozo hidrogeológico por cada 25 kilómetros cuadrados y al menos cuatro pozos cerca de cada lugar de extracción.

Esa regulación resulta excesiva para una actividad con márgenes de ganancia muy estrechos, considerando que la vigilancia de tantos pozos sería una vasta tarea y la inyección de sustancias químicas sería a tal profundidad que no debería causar afectaciones a mantos freáticos ni a cuerpos superficiales de agua. De hecho, la aplicación de mejores prácticas industriales debería ser suficiente para garantizar que el agua superficial no se contamine.

En Estados Unidos, el fracking es una actividad que casi se autorregula, porque los recursos del subsuelo pertenecen al propietario de los terrenos, no a la Nación. Esto facilita acuerdos de explotación, además de que faculta al propietario para ser vigilante de que esos acuerdos se cumplan y que no se contamine el agua ni se causen otros tipos de daños en sus terrenos.

Por supuesto, en México las cosas no son así de fáciles y esa vigilancia en nombre de la Nación recaerá sobre nuestros reguladores, quienes deberán demostrar capacidad para aplicar eficazmente este pesado marco regulatorio. También el requisito de que los operadores divulguen a detalle los aditivos químicos empleados en los pozos podría frenar el desarrollo de la actividad, porque hay secretos industriales de por medio.

El punto es que la sobrerregulación será un desincentivo económico al fracking en México, como también lo es el escaso conocimiento detallado del subsuelo a este lado de la frontera. Tan sólo por estos dos factores, las compañías tendrían que realizar inversiones mucho mayores aquí que en el sur de Estados Unidos, generando costos elevados y difíciles de justificar. Además, la sobrerregulación conlleva riesgos de corrupción.

Faltan alicientes económicos para promover el fracking en México. El único país de América Latina que ha sabido impulsarlo es Argentina, donde se pudo encapsular el mercado local de gas y ponerle un precio atractivo de 7 dólares por millón de unidades térmicas (BTUs), que es el doble del precio que prevalece en México y América del Norte.

Los altos costos operativos –por la sobrerregulación, la inseguridad, escasa infraestructura, disputas con comunidades, etcétera– y los bajos precios de los hidrocarburos, en particular el del gas, hacen poco probable que el fracking despegue en México por ahora. Su viabilidad podría depender de que sea pequeña la utilidad que las compañías ofrecerían al Estado, lo cual debe verse como razonable, ya que la prioridad al promover esta actividad en México no debería ser llenar las arcas públicas, sino producir más gas en el país para garantizar la seguridad energética nacional al sustituir importaciones y al evitar el uso combustibles más sucios.

*Analista de la industria energética. Su e-mail: david.shields@energiaadebate.com

site stats