Megayacimientos (y sonoros fracasos)

15 / AGO / 2017
especialistas

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Con cierta incredulidad seguí la polémica mediática sobre el pozo petrolero marino Zama-1, perforado por el consorcio Sierra Oil-Talos Energy-Premier Oil. Se debatió si se descubrió “desde cero” o si Pemex tuvo méritos por trabajos previos en la zona y sobre cuánto aportaría de riqueza al país. Fue todo un trending topic durante días.

¿Por qué tanta atención a un solo pozo? Típicamente, en un contrato integral de servicios de perforación, Pemex ha licitado un gran número de pozos exploratorios. ¿Por qué nos cautiva el único pozo del nuevo operador privado y no indagamos sobre los resultados pocos transparentes de los 125 pozos adjudicados en el último contrato integral de Pemex? Fue, sin duda, porque Sierra Oil informó que existe un “volumen significativo” de petróleo, es decir, un “volumen original in situ” de 2 mil millones de barriles, lo cual fue interpretado por los medios como un megayacimiento.

Un análisis técnico somero de los datos de Sierra Oil indica que no se trata de un hallazgo comparable con los yacimientos gigantes de la historia petrolera de México, como lo fueron Abkatún, Ku-Maloob-Zaap, Samaria y Jujo-Tecominoacán. Mucho menos un supergigante como Cantarell. Claro, ahora le toca al consorcio perforar más pozos, probar reservas y demostrar capacidad de producción.

Lo insólito es cómo en México seguimos soñando en megayacimientos y pensando que así vendrá una gran prosperidad. Las mismas autoridades atizan esa ilusión, como sucedió hace poco cuando se anunció que en la próxima ronda petrolera se licitará un bloque nuevo cerca de Yucatán que podría albergar “una estructura similar al Presal de Brasil”, lo cual también levantó especulaciones.

La historia reciente indica que se debe ser cauteloso al hacer anuncios sobre nuevos yacimientos, cuando éstos se basan en la perforación de un solo pozo exploratorio o en meras intuiciones. Se recuerda el caso del hallazgo del campo Lankahuasa en 2002 frente a Tampico, que se anunció como el mayor yacimiento de gas descubierto en el mundo en más de 30 años. Hasta se organizaron conferencias en Houston para difundir el prodigio. Pero los pozos siguientes fueron secos y Pemex abandonó el proyecto. Producción comercial total: cero.

Luego, en 2006 se anunció el primer pozo de Pemex en aguas profundas, Noxal, ése sí como un megayacimiento con 10 mil millones de barriles de reservas in situ, por lo que “supliría a Cantarell”. Tristemente, la evaluación fue prematura y tampoco se logró producción. En Wikipedia, aún se mantiene la página (en inglés) sobre Noxal, que nos asegura que ese descubrimiento daría estabilidad financiera a México, país que no sobreviviría sin el petróleo, y que México ahora podrá ofrecerle más oro negro a Estados Unidos y generar más ingresos y más empleos para los mexicanos.

Con el segundo proyecto de Pemex en aguas profundas, Lakach, nos fue hasta peor. Pemex nunca hizo caso de una resolución de la Comisión Nacional de Hidrocarburos sobre la poca rentabilidad del proyecto y gastó muchos miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes para llevar el proyecto a un 80 por ciento de avance. Pero cuando se acabó el dinero, Pemex lo abandonó. La primera producción, prometida primero para 2012 y luego para 2017, nunca se materializó.

Los geólogos saben que, con el mayor conocimiento del subsuelo que hoy se tiene, es poco probable que se descubran nuevos megayacimientos en México. La producción petrolera se ha mantenido gracias a las capacidades de Pemex para explotar los grandes yacimientos encontrados en los años 70 y 80. Desde entonces, casi no ha habido hallazgos mayores.

Debemos dejar de alentar falsas esperanzas de riqueza y auge económico en el petróleo. Si acaso, promover un repunte petrolero basado en el fracking. Pero más que éxitos, hemos visto a México convertirse en un importador masivo de energía, si bien aún exportamos crudo. Será mejor entender el futuro de la industria petrolera sin exageraciones, con mesura, como una fuente moderada de ingresos dentro de una economía moderna, diversificada.

 

David Shields es analista de la industria energética. Su e-mail: davshields@hotmail.com

 

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