CFE y la transición energética: "regrese mañana por favor"

01 / MAR / 2009
Ediciones

El excesivo margen de reserva da lugar a que no le convenga a la paraestatal que los usuarios ahorren energía o se autoabastezcan.

OdÓn de Buen RodrÍguez*

Muy al fondo de la Prospectiva del Sector Eléctrico 2008-2017, casi escondidos entre temas secundarios, aparecen los siguientes datos: “En 2007, el margen de reserva (MR) del SIN se ubicó en 43.3% y el margen de reserva operativo (MRO) en 24.3%. Se estima que ambos se mantendrán altos durante el periodo de 2008 a 2013” [1].

El margen de reserva

El margen de reserva es una medida de la capacidad de reserva de un sistema eléctrico interconectado, que es la diferencia entre la capacidad efectiva de generación del sistema y la demanda máxima o demanda pico en un periodo determinado. De acuerdo con este concepto, para satisfacer la demanda de energía eléctrica, la capacidad del sistema debe ser mayor que la demanda máxima anual. El margen de reserva se define, entonces, como la diferencia entre la capacidad bruta y la demanda máxima coincidente del sistema eléctrico, expresado como porcentaje de la demanda máxima coincidente.

Igualmente, la Prospectiva refiere que “el valor mínimo adoptado para el MRO en la planificación del Sistema Interconectado Nacional es de 6%.”

¿Qué quiere decir todo esto?

Pues, muy simplemente, que tenemos más plantas de las que necesitamos y que este superávit de capacidad sólo se resolverá en la medida que la demanda eléctrica en el país crezca.

¿Qué implicaciones tiene?

Preocupan las importantes implicaciones económicas

Hace más cara la electricidad. No hay que olvidar que la industria eléctrica tiene dos componentes fundamentales de costo: el de la energía primaria que usa para meter a los generadores (ya sea como combustóleo, gas natural, uranio, carbón o diésel) y obtener electricidad, y el capital que debe utilizar para pagar las máquinas que transforman esa energía y toda la infraestructura que lleva la electricidad a los usuarios finales. Al tener capacidad de sobra, aun cuando no genere y no tenga que pagar combustible, sí tiene que pagar los costos de una inversión que no está produciendo nada.(1)

Da lugar a que, como empresa, a la CFE no le convenga que los usuarios ahorren o se autoabastezcan. El hecho es que, como en cualquier empresa, hay que pagar los gastos, y por lo mismo, los funcionarios de la CFE, aunque sea paraestatal, están obligados a cuidar las cuentas. Éste es un asunto grave en la lógica de la necesidad de acelerar la transición energética y combatir el calentamiento global y que, seguramente, está generando fuertes tensiones entre la CFE y quienes están interesados en empujar la transición energética.

Lleva a que cualquier propuesta de integrar infraestructura eléctrica en los planes del gobierno tenga poco o ningún sentido. No es casualidad, muy a pesar de lo que el alicaído mundo de las empresas desarrolladoras de grandes proyectos quisiera, que en los planes de contingencia económica y de desarrollo de infraestructura del gobierno federal queden excluidas las grandes plantas de generación de electricidad.

¿Y por qué ocurrió esto?

Las razones pueden ser varias, pero quizá son dos las más importantes:

El “querer” le ganó al “saber” en la planeación del sector eléctrico. Esto es evidente cuando se revisa el historial de prospectivas que prepara la Secretaría de Energía con información y apoyo técnico de la CFE. Año con año, se estima que la economía crecerá más de lo que, a final de cuentas, crece. El problema con esto (y como lo refleja, precisamente, lo que aquí estamos discutiendo) es que la CFE se basa en estos ejercicios de planeación para programar sus inversiones, lo cual lo tiene que hacer hasta con cinco años de anticipación. En pocas palabras, el gobierno mandó hacer más pasteles de los que se necesitaban (y ahora no hay quien los pague).

Aun y cuando habrá quien diga que todo se debió al excedente de capacidad instalada, el hecho es que en los últimos diez años también se han manifestado los efectos de los programas de ahorro de energía eléctrica que la ex Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (antes Conae, de ahora en adelante Conuee), el FIDE y la propia CFE han llevado a cabo con gran éxito [2](2). Igualmente, lenta pero sostenidamente, los proyectos de autoabastecimiento han ido aumentando [3].

Todo ello se refleja en una comparación entre los valores estimados por la planeación eléctrica en 1998 para el consumo de electricidad durante los siguientes diez años y la evolución real, la cual terminó con valores 20% por abajo de lo estimado inicialmente (Fig. 1).

Figura 1. Crecimiento programado en 1998 y crecimiento real del consumo de energía eléctrica para uso público (1999-2007).

CFE y la transición energética:

Fuente: Elaboración de ENTE, S.C., con base en la Prospectiva del Sector Eléctrico 1999-2008, Sener 2006 y datos de la CFE.

Y, entonces, ¿qué hacemos?

Si la lógica que va a prevalecer es la de cuidar las finanzas de CFE, lo que hay que hacer es detener casi todo lo que tenga que ver con ahorro de energía y con autoabastecimiento.

Visto de esta manera, no cae mal a la CFE que en el plan anticrisis se incluya una baja en las tarifas horarias industriales (que han sido el principal incentivo para el autoabastecimiento). Inclusive, que se propongan programas de ahorro, cuyos ingredientes, en el fondo, pueden obstaculizar el alcance que se anuncia [4].

Sin embargo, esta lógica no es la adecuada para un país en el que, tras largos debates sobre una reforma energética, terminó generando leyes que, al menos en el papel, establecen la transición energética como una prioridad [5].

Por lo tanto, es indispensable que se reconozca que la capacidad de sobra del sistema eléctrico nacional constituye una barrera a la transición energética, como también que se busquen las formas para que esta situación no le ponga freno a ese proceso tan necesario y urgente.

Por supuesto, como nos ocurre cotidianamente a muchos cuando los funcionarios no pueden o no nos quieren atender, es posible que nos digan: “regrese mañana, por favor.”

Pues, a ver si mañana no es ya muy tarde?

REFERENCIAS
[1] SENER, Prospectiva del sector eléctrico 2008-2017, Dirección General de Planeación Energética, Editor. 2008: Mexico DF. p. 230.
[2] Ramos, I. and H. Pulido, ASSESSMENT OF THE IMPACTS OF STANDARDS AND LABELING PROGRAMS IN MEXICO (FOUR PRODUCTS). FINAL TECHNICAL REPORT. 2006, Instituto de Investigaciones Eléctricas: Calle Reforma 113, Col Palmira, CP 62490 Cuernavaca, Morelos, México. p. 58.
[3] Cogeneration and self-supply in México: significant potential for industrial applications. de Buen, Odón [cited 2009 6 de febrero de 2009]; Available from: http://www.cospp.com/display_article/321144/122/CRTIS/none/none/1/Cogeneration-and-self-supply-in-M%E9xico:-significant-potential-for-industrial-applications/.
[4] De Buen, O. El programa de ahorro de energía en la estrategia anticrisis de Calderón: ¿y los subsidios, ?apá? 2009 [cited 6 de febrero de 2009]; Available from: http://www.funtener.org/subsidiosapa.html.
[5] Congreso de la Unión, Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transiición Energética, Congreso de la Union, Editor. 2008, Gaceta Parlamentaria: Mexico DF. p. 24.

(1)
Esto se aplica no sólo a las plantas de la CFE, sino también, indirectamente, a las de los productores independientes, quienes, por contrato, tienen que recibir un pago mínimo (para cubrir sus costos de capital y asegurar una rentabilidad mínima) aunque no generen electricidad.
(2) Tan sólo con el programa de NOMs de la Conae y de acuerdo con el estudio que sobre su impacto llevó a cabo el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) con el apoyo del Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley (LBNL), el cual se enfocó únicamente a las normas aplicables a tres equipos (refrigeradores, motores y equipos de aire acondicionado de ventana), éstas evitaron, entre 1996 y 2006, la generación de cerca de 52,700 millones de kWh, que equivale, aproximadamente, a una cuarta parte de la generación eléctrica nacional en 2005.

*Es ingeniero mecánico-electricista por la UNAM y maestro en energía y recursos por la Universidad de Berkeley, California. Dirigió la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) de 1995-2003. Actualmente es presidente de Energía, Tecnología y Educación, ENTE S.C., y dirige el proyecto de Transición Energética. (demofiloente@yahoo.com, www.funtener.org )