Ilógico, apostar a la energía sucia

28 / MAR / 2017
especialistas

(leer en Reforma)

Durante su campaña electoral, Donald Trump propuso no sólo un muro, sino también el impulso a proyectos de carbón, petróleo y ductos, pero sin apoyar usos más limpios de la energía, todo porque sabía que así obtendría popularidad y votos en ciertos sectores. Ahora, estando en el poder, ya comenzó a desmantelar a la autoridad ambiental de su país y ha reducido el apoyo presupuestal para la produccion de energía limpia.

En México, el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador ve al menos una parte de la solución al reto energético del país en la construcción de refinerías y en la revisión de las leyes de la Reforma Energética que ha abierto el mercado energético mexicano a la inversión privada y extranjera. Por sus orígenes y su pasado, es comprensible que AMLO esté más enfocado al petróleo que a la energía limpia.

Pero es improbable que una política energética soportada en energías fósiles prospere a mediano y largo plazo. En todo el mundo se transita ya de un modelo energético basado en carbón y petróleo hacia uno más sustentable con mayor uso del gas natural y de fuentes renovables. Las energías solar y eólica ya son más competitivas en precio que las opciones fósiles, sustituyendo al gas y al petroleo en nuevos desarrollos eléctricos y están a punto de despegar y masificarse en la próxima década.

El propio Trump ha creado un consejo empresarial que incluye a los presidentes de las compañías más poderosas de su país, como General Electric, General Motors Boeing, IBM, Tesla, EY, WalMart y BlackRock, para asesorarlo en política económica. Resulta que casi todas ellas invierten masivamente hoy día en energías renovables y en programas de sustentabilidad y reducción de emisiones de carbono. Es inconcebible que ellas aconsejen a Trump a usar más energía fósil. Además, la construcción de nuevas centrales generadoras a base de carbón se está frenando en todo el mundo, incluso en China, y hay un retiro acelerado de este tipo de plantas en Estados Unidos.

En el caso mexicano, es entendible la posición de AMLO si ve riesgos para la seguridad energética del país por la creciente importación de gasolinas. Sin embargo, las refinerías se construyen en épocas pujantes de la industria petrolera cuando se tiene comprobada competitividad y excedentes de oferta de crudo, no en épocas de declive y bajos precios. Hoy, México no cuenta con producción adicional de crudo para alimentarlo a nuevas refinerías.

Aún no existen señales de que la producción de crudo de México pueda repuntar en el futuro previsible, ni siquiera con la Reforma Energética y su promesa de grandes inversiones privadas. Estos nuevos inversionistas enfrentarán retos difíciles con la baja rentabilidad actual. Los yacimientos de Pemex están maduros y en declinación y los que ahora se licitan a privados suelen tener menos potencial o costos muchos mayores que los de Pemex. Aun cuando, con la Reforma, habrá decenas de compañías operadoras en el país, en vez de un monopolio petrolero, se prevé que la producción de crudo seguirá a la baja por algún tiempo más.

Sí, el próximo presidente de México podría y debería revisar la Reforma Energética, pero sobre todo en lo que respecta a Pemex para darle mayor solidez operativa y modernizar y rescatar la capacidad útil de sus refinerías y otras infraestructuras. Habrá que diagnosticar e identificar qué funciona y qué no funciona en esa empresa productiva en desgracia y brindarle una visión realista de futuro.

En cambio, las energías renovables son la estrella de la Reforma Energética. En las subastas eléctricas se adjudican y se anuncian proyectos que agregarán capacidad real de producción de energía en poco tiempo. Además, es energía que se produce en un cien por ciento en el país, aportando seguridad energética y reducción de emisiones de carbono.

La energía fósil será una apuesta difícil de hoy en adelante. Ya lo es en México y en el mundo en general. Hay que apostarle más a la transición energética hacia usos limpios de la energía. Es una tendencia que viene con fuerza y que los políticos no podrán detener.

*Analista de la industria energética. Su e-mail: david.shields@energiaadebate.com

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