El gasolinazo, una crisis evitable (opinión)

27 / ENE / 2017
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George Baker / Para Energía a Debate

 

El gobierno mexicano tiene razón al ajustar los precios mexicanos a los índices internacionales en relación con ciertos productos de tipo genérico (commodities), tomando en cuenta variaciones en el tipo de cambio. En Mexico, el alza del valor de petróleo crudo junto con la depreciacion del peso frente al dólar de Estados Unidos fueron indicadores de la conveniencia de ajustar los precios de gasolina y diésel. Siendo que todavía Pemex (via PMI) sigue siendo el único importador de combustibles, no sería rentable importar unos 680 mil barriles diarios y luego venderlos al público a un precio 20% por debajo del valor de importación.

Sin embargo, la implementación de este principio está sujeta a modificaciones según las condiciones locales. En México, hubo varias condiciones locales que advirtieron contra un incremento tan fuerte en los precios de la gasolina y de diésel:

1)    La inauguración cercana de un presidente de los Estados Unidos que, como candidato y como presidente electo, señalaba que cambiaría las políticas económicas y migratorias en maneras que se percibían en México como perjudiciales al interés nacional. En un momento diplomático tenso, no se debe arriesgar la paz social.

2)    Al no haber aceptación pública de los precios de los combustibles, con manifestaciones masivas en contra, debilitaría el espacio de maniobra del gobierno peñista ante el gobierno dirigido por el presidente Trump.

3)    Lass elecciones presidenciales en Mexico dentro de 18 meses representarán un referéndum popular sobre las reformas de la administración Peña. A la luz del inesperado comportamiento anti-establishment en los Estados Unidos y Gran Bretaña (en relación con la Unión Europea o la APEC), existían amplias razones por preocuparse por la sobrevivencia de dichas reformas.

4)    Los aumentos en el precio de la gasolina son siempre impopulares y son manipulados por políticos antigubernamentales que afirman que, si el gobierno se encontraba sin dinero, era por robo y corrupción.

5)    El gobierno quiso representar los aumentos de precios como una medida desconectada de la Reforma Energética, pero los políticos de la oposición afirmaron que la medida fue ligada no solamente a las reformas de Peña, sino también a las de todos los sexenios neoliberales anteriores. De hecho, la liberalización de los precios de los combustibles está prevista en la Ley de Hidrocarburos, elemento toral de la Reforma Energética.

6)    El gobierno no tenía que presumir sus credenciales ecológicas al caracterizar los nuevos precios como buenos para el medio ambiente, alegando que desalentarían el uso de combustibles fósiles. La Reforma Energética incluye tanto el fomento de fuentes de energía renovables como el uso de recursos geotérmicos y la necesidad de tener "energía limpia" en la cartera de generacion eléctrica.

7)    Cualquier aumento en los precios tendería a incrementar el mercado negro de combustibles controlado por la delincuencia organizada y en paralelo incentivar la criminalidad por personas que quieren aprovecharse del descontento popular.

8)    Un aumento tendría inevitablemente un impacto inflacionario.

Por otra parte, si el motivo fuera sólo cubrir los costos adicionales por los volúmenes importados (supongamos en un 20% y que el 55% de los combustibles vendidos al público son importados), entonces un aumento de sólo 11.1% sería suficiente. Incrementar los precios de gasolina importada y gasolina doméstica en  20% era revalorizar los volúmenes refinados por Pemex también en 20%.

Es aplicar la misma lógica de precios que ha utilizado la CRE para gas natural en México desde 1996: si hay temperaturas bajas en Chicago, los precios del fluido en Monterrey suben aunque la temperatura no haya cambiado y que los costos de extracción y transporte en la Cuenca de Burgos sean iguales. Se trata de una la teoría económica que nos dice que todo mundo debe de pagar el mismo precio que hubiera pagado el último consumidor.

La respuesta popular a la aplicación de este teorema fue Sí, ¡pero no! El rechazo casi universal tomó las formas de manifestaciones, bloqueos, pancartas y gritos ante las cameras de los periodistas. Los delincuentes de la calle aprovecharon la situación social para cometer actos de vandalismo.

El costo social asociado con aquellos bloqueos y robos incluye el encarcelamiento de unos 1,500 personas, más seis muertos. Son muchos.

Por el sistema populista-presidencial del país, el pueblo siempre pasa la factura de la inconformidad popular al Presidente de la República. En este caso, resultó en un debilitamiento del apoyo popular a Peña Nieto, quien cuenta con sólo el visto bueno de 12% de la población.

Para el inversionista extranjero en el sector de la energía, ¿qué pensar? Primero, pensará que en el entorno operativo mexicano (como en la astrofísica) existe la Energía Oscura. Segundo, la administración de precios de productos controlados por el gobierno está en manos de funcionarios que ignoran de la existencia de ella en la galaxia política mexicana. Tercero, en sus cálculos de riesgo, debe de incluir un apartado para costos imputables al impacto de esa energía oscura en sus marcas comerciales y líneas de negocio. Cuarto, es preocupante que el gobierno no prevea la fuerza de la reacción popular contra una política que fácilmente estaría vinculada a la Reforma Energética.

Es preocupante que no se haya podido evitar una situación que pudo haberse manejado con mayor sensibilidad política.

 

* George Baker es editor de MEXICO ENERGY INTELLIGENCE en Houston.

 

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