Ideologización energética en EEUU

04 / JUL / 2021
Alvaro Ríos Roca

 Ideologización energética en EEUU

 

Alvaro Ríos Roca* / para Energía a Debate

 

Una reciente visita a al puerto de Corpus Cristi, Texas, quizás el puerto más activo de todos en los Estados Unidos, nos permite visualizar el siguiente panorama.

 

Un sinnúmero de plataformas de perforación de petroleo y gas natural estuvieron atracadas en el puerto, sin posibilidad de actividad alguna. Al frente de las plataformas, miles de hélices y turbinas de viento almacenadas (creemos en su gran mayoría importadas de China, porque de allá vendrán además los páneles y baterías de la transición energética a nivel global), listas para ser instaladas y así dotar de energía eléctrica intermitente y sin emitir gases a la atmosfera –que no es sinónimo de “no contamina”– a ciudadanos de Texas y Estados Unidos.

 

Ésta es la acelerada (fast track) transición energética que los demócratas están tratando de imprimir en su país, y que creemos por el grado de ideologización, tendrá serios impactos económicos en el país del norte y también a escala global en las décadas que vienen.  No hay daño más grande que le puedas hacer a la civilización humana que la imposición ideologizada de algún tema o actividad.

 

Recordemos lo acontecido con Alemania y tengamos muy en cuenta que Alemania no es Estados Unidos. En el país germano, de una manera u otra se ideologizó el tema de la energía y se puso en marcha un plan algo similar al que ahora tratan de imponer los demócratas estadounidenses, es decir, imponer una transición acelerada hacia las energías verdes, con subsidios e incentivos que han resultado un fracaso.

 

Se forzó el cierre de plantas a carbón y nucleares. Empero, muy rápidamente se tuvo que retomar el funcionamiento de varias plantas de carbón que habían cerrado y se recurrió a importar gran cantidad de energía nuclear de Francia. Las energías verdes subsidiadas e intermitentes encarecieron los precios de la energía y no presentaron una solución de seguridad de abastecimiento.

 

Todos estamos de acuerdo en una transición energética mundial hacia combustibles menos contaminantes. La Revolución de la Energía Limpia (Green New Deal) propuesta por el partido demócrata sin duda que debe avanzar, pero no al ritmo que quieren imponer los demócratas en Estados Unidos. Por lo analizado, no es fruto de una ordenada transición con seguridad de abastecimiento y que no encarezca los costos globales de energía.

 

Nadie, pero nadie, desea energía cara. Los costos de producción de las distintas nuevas tecnologías limpias, si bien han disminuido, la infraestructura de transporte, distribución y comercialización debe ser desarrollada, se necesitan billones de dólares para ello y tomará tiempo.

 

En este escenario de transición, el gas natural es el energético fósil que no puede dejar de ser producido o penalizado por producirlo. No hay con qué respaldar las energías intermitentes como lo ha demostrado el experimento de Alemania. En Estados Unidos, el ESG (environmental, social and governmental risk) que se impulsa para penalizar la producción de gas natural tendrá impactos muy fuertes en la actividad del fracking y en la exploración costa afuera. Imaginemos que el fracking se reduzca aún mucho más como ya estamos observando actualmente, lo cual elevaría más el precio del gas. Los precios del gas en Henry Hub están ya en nuevo horizonte de 3 a 4 USD/MMBTU vs. los 2 a 3 USD/MMBTU que se tuvo por varios años.

 

Los precios de entrega de gas natural licuado (GNL) globales están en referencia a este marcador y otros siguen referidos al petroleo Brent (que también anda por encina de los 70 USD/barril y en ascenso). Varios países latinoamericanos, como Chile, Argentina, Panamá, Colombia, Brasil y más recientemente Ecuador tendrán que pagar mayores precios por el gas natural importado con este marcador.

 

Las protestas por los elevados precios del GLP, diesel y gasolina ya empiezan a darse en Perú, Colombia y otros países. Impactarán a los importadores como Chile, Paraguay, Uruguay, Centro América y –porque no decirlo– a México, Venezuela y Bolivia que cada vez importan más derivados del petroleo.

 

Transición energética sí, pero no ideologizada y no tan acelerada. Lo que intentan los demócratas traerá consecuencias para muy fuertes para su economía y también disrupciones planetarias, impactando más a los que menos tienen, entre otras serias consecuencias.

 

* Ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual Socio Director de Gas Energy Latin America.

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