Gas natural, baterías e hidrógeno, en ese orden

29 / NOV / 2020
Alvaro Ríos Roca

Gas natural, baterías e hidrógeno, en ese orden

 

Álvaro Ríos Roca / para Energía a Debate

 

La victoria de los demócratas en la elección presidencial de los Estados Unidos acelerará la añorada transición energética mundial hacia combustibles menos contaminantes. La Revolución de la Energía Limpia (Green New Deal) propuesta por el presidente Joe Biden se sumará al esfuerzo algo solitario que hacía la Unión Europea.

 

Seguirá siendo un camino largo, tortuoso y plagado de incentivos tecnológicos y económicos para un lado y de penalidades e impuestos para el otro. El 2019 la matriz energética mundial era: gas natural 22,3%, carbón 25,9%, petróleo 32,3%, nuclear 4,5% y renovables 15%. Los fósiles fueron 80.5%. Al 2030 las proyecciones son: gas natural 21,4%, carbón 22,3%, petróleo 30,4%, nuclear 4,5% y renovables 21,4%. Los fósiles seguirán dominando con cerca de un 70%.

 

El presidente Trump se retiró del Acuerdo de Paris en virtud que no creía en el cambio climático y tenía como eje la generación de energía barata con carbón y gas natural en su país. El gas natural (shale) reemplazaba naturalmente al carbón por costos y había un fuerte argumento de que se tenían mejoras substanciales en las emisiones de CO2. Esto cambiará bastante con los demócratas en el poder.

 

Nadie, pero nadie, desea energía cara. Los costos de producción de las distintas nuevas tecnologías limpias y la infraestructura de transporte, distribución y comercialización que debe ser desarrollada, sin embargo, aún cuestan demasiado. En este escenario de transición la ruta está trazada y sin duda el gas natural es el energético fósil de más importancia para bajar emisiones.

 

Es el único energético abundante, de suministro continuo, de costo muy accesible y con infraestructura desarrollada para reemplazar al barato carbón (en China y muchos otros países), respaldar las energías intermitentes (solar y eólica) y así proceder a reducir inmediatamente emisiones en generación eléctrica con un combustible mucho más limpio.

 

En el segmento transporte, distribuidoras de gas están acelerando la conversión de vehículos de todo tipo (diésel, gasolina, etc.) a gas natural (mini GNL) para anticiparse y ganar mercado a los vehículos eléctricos que por ahora se percibe como una tendencia inevitable. Obviamente, querido lector, que estos vehículos eléctricos necesitan electricidad. Adivinen de dónde vendrá ese suministro eléctrico. Muy bien, en gran parte de gas natural y de renovables intermitentes, a no ser que queramos hacerlo con carbón.

 

El bunkering de gas natural en puertos para mover barcos con gas natural licuado (GNL) es una realidad con varios proyectos. También el mini GNL para convertir maquinaria pesada usada en minería y agricultura. Resumen, el gas natural no solo es indispensable para reemplazar carbón y respaldar renovables en la generación de energía eléctrica, pero también penetrar en el segmento del transporte dominado por los derivados del petróleo. Los ahorros en emisiones serán tremendos y también en costos. Éste es sin duda el primer paso.

 

A los vehículos eléctricos se quieren sumar las baterías de almacenamiento de escala para respaldar energías de tecnologías intermitentes (solar y eólica) que van mejorando en costos. Sin embargo, a la fecha solo conocemos dos o tres proyectos pilotos de escala. Esto será una especie de segundo paso hacia la descarbonización del planeta.

 

Ahora al último y definitivo paso. La Unión Europea apuesta fuertemente al hidrógeno (Green Energy). Entienden que no tienen combustibles fósiles y que las intermitentes energías renovables (solar y eólica) por si solas no son la solución para descarbonizar el planeta. Ven que China ya ha tomado el liderazgo en el diseño y manufactura de sistemas solares y eólicos.

 

El continente americano (con Estados Unidos a la cabeza y los shales) y también Rusia, siguen apostando a seguir produciendo y utilizar vastos recursos de gas y petróleo convencionales y no convencionales. La apuesta europea es que con investigación y tecnología se pueden bajar los costos para la producción y almacenaje de hidrógeno a partir de energías intermitentes y además generar una fuente increíble de empleos calificados y tecnológicos en adelante.

 

El hidrógeno generado de fuentes renovables se almacenará para respaldar estas mismas energías intermitentes, hacer funcionar vehículos (mediante pilas de combustible), generar hidrógeno para petroquímica y acero y mucho más. El hidrógeno podrá ser en varias décadas más una especie de gas natural y además podrá utilizar gran parte de la infraestructura desarrollada para este energético.

 

En ese orden, gas natural de forma inmediata, baterías de almacenamiento eléctricas para complementar y finalmente energía verde del hidrógeno en el largo plazo. La era del carbón y del petróleo van cumpliendo un ciclo.

 

* Ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual Socio Director de Gas Energy Latin America (GELA).

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