América Latina ante la guerra tecnológica energética

07 / JUN / 2021
Alvaro Ríos Roca

América Latina ante la guerra tecnológica energética

 

Álvaro Ríos Roca* / para Energía a Debate

 

En plena pandemia, durante el 2020, acontecieron hechos muy relevantes en los países líderes del mundo.

 

La Unión Europea lanzo una estrategia para impulsar la industria del hidrogeno (azul y verde) con un enorme gasto público de billones de euros a desembolsar en las próximas décadas a manera de generar y comercializar tecnología limpia al resto del planeta. No sólo les interesa combatir el cambio climático, sino también dejar de depender de recursos fósiles, que no tienen y que les impactan negativamente.

 

China se lanzó a declararse carbono neutral en el 2060, casi acompañando la declaración de París, en el que muchos países pretenden ser carbono neutral el 2050. China es y será, de lejos, el gran fabricante de sistemas solares, eólicos y por supuesto baterías de almacenamiento a utilizarse en vehículos y como respaldo para las energías intermitentes.

 

China será también uno de los principales suministradores globales de material eléctrico para respaldar redes de distribución en sistemas cada vez más distribuidos, electrolineras y otros. Es decir, será el nuevo fabricante en escala de nuevas tecnologías de energías limpias. Obviamente, para fabricar todo lo anterior buscara minería intensiva en todo el planeta y manufactura en su territorio, utilizando carbón, petroleo y gas natural.

 

Por último, está la llegada de los demócratas al gobierno en Estados Unidos. Aún no queda claro donde apuntan su artillería en materia energética. Como buenos demócratas, su filosofía es verde, pero veremos cómo les resulta en el intercambio comercial futuro con China en materia energética. ¿Dejarán de frackear los abundantes shales y se dedicarán a importar gran parte de equipamiento de China?

 

Muy recientemente, la Agencia Internacional de la Energía (AIE, dominada por los países de la OCDE) publicó un reporte en el que señala que no hay necesidad de inversión para búsqueda de nuevos combustibles fósiles y tampoco para desarrollar nuevos campos de petroleo y gas natural. Lo anterior implicaría que los agentes económicos se limiten a producir activos existentes y cambien inmediatamente sus inversiones a nuevas energías. Si se les hiciera caso, ¿dónde terminarían los precios del petroleo en breve?

 

Las otrora poderosas empresas de petroleo y gas están siendo puestas contra la pared por sus accionistas. Éstos están forzando a que empresas como Shell, Total, BP (europeas) dejen de invertir en proyectos de gas y petroleo. Y ahora se suman accionistas de empresas con base en Estados Unidos como Chevron y Exxon.

 

Los grandes fondos de inversión no prestan para nuevos proyectos con energías fósiles, ni aun con el más limpio gas natural. Lo más inentendible y paradójico, por ejemplo, es lo que acontece en Noruega, país que no presta de sus fondos, pero que sigue otorgando áreas para explorar y explotar gas y petroleo.

 

La matriz energética de América Latina es bastante limpia per cápita comparada con la de los países de Norteamérica, Asia (sobre todo, China) y Europa, donde siguen quemando grandes cantidades de barato carbón. La base nuestra es hidroelectricidad respaldada por abundante gas natural. Sin embargo, organizaciones y empresas desarrolladoras de energías renovables (solar, eólica) no creemos deberían estar pidiendo preferencias de entrada o subsidios para que puedan ser despachadas. Que entren al mercado eléctrico, si van a competir y bajar costos.

 

Finalmente nos preguntamos: ¿qué estamos haciendo como región, desde México a Argentina, para afrontar esta batalla tecnológica energética? ¿Será que algo de tecnología podremos someter a investigación y desarrollo? ¿Será que el famoso triángulo del litio desarrollará ciencia, tecnología, laboratorios y grandes centros de manufactura de baterías de almacenamiento, por ejemplo? Más bien, creo que reemplazaremos exportaciones de petroleo y gas por exportaciones mineras que se necesitan.

 

¿Qué harán Venezuela y México con sus ingentes recursos de petroleo y gas que aún tiene bajo el subsuelo? ¿Podrán Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Pemex tener éxito solas? ¿Y Argentina con su enorme recurso de Vaca Muerta? ¿Y Bolivia podrá generar un nuevo ciclo exploratorio de gas para abastecer su mercado interno por los próximos 20 años hasta que pueda virar a las nuevas energías alternativas? Sobre todo, ¿cómo entrar al nuevo mundo energético que se abre ante nosotros?

 

*Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual socio director de Gas Energy Latín América.

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