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Regresar a la lista artículos | Inicio México ante las tendencias energéticas internacionales El seguimiento de la reflexión internacional sobre los temas energéticos ayuda a ubicar los asuntos de interés para México y a plantear preguntas relevantes, cuyas respuestas definirán el rumbo de la industria energética nacional en el contexto de los mercados globales. ANGEL DE LA VEGA NAVARRO*Los temas energéticos son actualmente un objeto privilegiado de reflexión en el ámbito internacional. Preocupan la situación de los mercados, las perspectivas de la demanda y de su aprovisionamiento, los impactos ambientales y el desarrollo de nuevas fuentes, los comportamientos y estrategias de los principales actores, ya sean compañías, organizaciones (OPEP) o países con fuertes incrementos en su consumo (Estados Unidos, China) o en su producción y exportaciones (Rusia). Los enfoques geopolíticos que relacionan los temas anteriores con los vinculados a la seguridad y a los conflictos en determinadas zonas vitales para el aprovisionamiento energético mundial están ahora más presentes, sobre todo después de la invasión de Irak y la agravación de la situación en el Medio Oriente. De cierta manera, los precios del petróleo se han convertido en una de las expresiones más significativas de la agudización de los conflictos. De ahí el interés creciente por analizarlos en un marco renovado que vaya más allá de los determinantes económicos. Una de las diferencias respecto al pasado es que en la actualidad las incertidumbres vinculadas a las preocupaciones geopolíticas parecen ser más duraderas, justo en un momento en el que se prevé un fuerte crecimiento de la demanda mundial de petróleo. A los temas del conflicto y del poder siempre presentes en la escena energética mundial, se agrega ahora el de las nuevas reglas, normas e instituciones que pretenden generalizarse en las industrias, en los mercados y en las regiones. La apertura de los países, la homogenización regulatoria, la creación de determinados órganos de regulación combina markets and governance en una misma dirección. México logró mantener su sector energético como una excepción, así sea en gran parte de manera formal, respecto a la libertad de movimientos de mercancías y capitales que instauró el Tratado de Libre Comercio en América del Norte (TLCAN). Esa situación posiblemente se mantendrá por razones económicas, históricas e institucionales, pero no por ello se debe dar la espalda al análisis de temas que ya se han introducido en la realidad y perspectivas energéticas del país: el del gas natural licuado (GNL) que rompe con los determinantes geográficos y regionales en el aprovisionamiento de ese energético; el de una mayor integración energética en América del Norte o el de la necesaria adaptación de las industrias energéticas a los nuevos entornos internacionales, entre otros. Algunos temas requieren una actualización seria: uno de ellos es el caso de Francia, que se toma a menudo como modelo en ciertos ámbitos considerando que se ha mantenido ahí el monopolio estatal inflexible y plenamente integrado. De hecho, este país se ha adaptado gradualmente al contexto energético europeo caracterizado por la apertura y la liberalización. Los países exportadores de petróleo Las compañías energéticas internacionales tienen muchas veces un mejor seguimiento sobre los temas que ponen en contacto a nuestro país con las corrientes y tendencias actuales. Prueba de ello son los proyectos de GNL de empresas estadounidenses y europeas (Shell, Total, Repsol, BP, Chevron Texaco, ExxonMobil, Sempra, etc.), con los ojos puestos en el mercado mexicano, pero también en el estadounidense que les atrae mucho más. Otro ejemplo es el interés que tiene Petroleo Brasileiro (Petrobras) en exploración y producción, ya sea en Burgos o en el Golfo de México. Otros temas como los fiscales, relacionados con los hidrocarburos en el subsuelo, están siendo también muy trabajados en el exterior. Una explicación es que para algunos en México el régimen petrolero que atosiga a Pemex, y que ninguna compañía extranjera aceptaría, es tan perenne como el modelo mexicano de explotación petrolera que consagró la nacionalización. Otros países se posicionan ante esas tendencias: un ejemplo es Venezuela que en dos años completó una reforma de los hidrocarburos, la cual pone a ese país en la posibilidad de aumentar de manera significativa su producción y sus exportaciones con una importante participación de capitales extranjeros. Naturalmente, los ojos de ese país están puestos en las tendencias energívoras del mercado de los Estados Unidos, el cual representa 25% del consumo petrolero mundial, siendo el 53% de ese consumo abastecido por importaciones. Otros exportadores de hidrocarburos también tienen presentes las tendencias internacionales del consumo energético y se preparan para enfrentarlas. Para lograrlo varios de ellos se han abierto de nuevo a las compañías internacionales con el objetivo de aumentar sus capacidades de producción. Ciertas proyecciones, por ejemplo, indican que para satisfacer la demanda mundial de petróleo hacia 2030 será necesario que la OPEP produzca 65 millones de barriles diarios, es decir, más del doble de su producción que no ha superado nunca los 30 millones. Por lo pronto, en esa perspectiva, será necesario que los países de esa organización aumenten en más de 20% sus capacidades de producción de aquí a 2010. Se plantean retos similares otros países no miembros de la OPEP, como Rusia nación que se está convirtiendo en el más importante productor y exportador de hidrocarburos del mundo , los países que se encuentran alrededor del Mar Caspio, algunos de África del lado del Atlántico. ¿Y México? ¿Es de su interés seguir esas tendencias, sobre todo en lo que respecta al consumo de Estados Unidos? (En la actualidad a este país y a China corresponde 70% del crecimiento de la demanda mundial de petróleo). ¿Tiene el potencial para hacerlo con el marco institucional y la organización actual de su industria? ¿Le conviene entrar en asociaciones estratégicas en el Golfo de México con compañías internacionales privadas o públicas? Cuba lo está haciendo con la española Repsol en su zona exclusiva del Golfo de México; en otras zonas del globo interviene Petrobras, líder mundial en exploración y producción en aguas profundas. El GNL y la creciente dependencia gasera de Estados Unidos En lo que respecta al gas natural, Estados Unidos se orienta a una situación similar a la del petróleo, es decir a una dependencia creciente de las importaciones, las cuales proporcionan ya el 15% de su consumo. Es un porcentaje que aumentará rápidamente en los próximos años. Las importaciones continuarán llegando de Canadá, tomando en cuenta la cercanía y la integración energética entre los dos países, pero el propósito claro de las autoridades energéticas estadounidenses es que México se convierta también en un proveedor importante y confiable de gas natural. Por lo pronto, nuestro país es importador neto y, tomando en cuenta las restricciones actuales (financieras, pero también institucionales) e incertidumbres (sobre todo contractuales), lo más probable es que en lugar de convertirse en un importante exportador, México continúe importando cantidades crecientes de gas natural, ya sea de sus socios en el TLCAN o de otras zonas geográficas mediante el GNL. La dependencia gasera de Estados Unidos requerirá entonces, además del aprovisionamiento canadiense, de fuentes más lejanas por la vía del GNL. Esto exige inversiones importantes en metaneros, unidades de licuefacción y terminales de regasificación, etc. y enfrentar retos específicos. Uno de esos retos es que, a pesar de los progresos realizados, el transporte de gas cuesta aún ocho veces más que el de petróleo. Necesidades de EU: nuevos instrumentos e implicaciones Estados Unidos está dispuesto a hacer grandes esfuerzos para incrementar la oferta, tanto dentro como fuera de su territorio, pero lo está mucho menos a controlar su demanda o a incrementar su eficiencia energética. Esta situación representará una presión permanente sobre los países con recursos energéticos importantes, en particular, sobre sus vecinos y socios en el TLCAN. Los instrumentos son la apertura plena de los mercados, el libre acceso a los recursos para su explotación preferentemente por compañías privadas y la protección a las inversiones de estas compañías.Además, las preocupaciones sobre su seguridad energética están llevando progresivamente a Estados Unidos a políticas más intervencionistas, tanto internas como externas. En el nuevo contextoposterior a la invasión de Irak, la política energética de los Estados Unidos ha adquirido resonancias nuevas: vía el mercado o por otros mecanismos los recursos energéticos de México dificilmente podrían permanecer ajenos a sus necesidades. Las pretensiones por imponer nuevas formas más abiertas de acceso a los recursos naturales se acompañan de cuerpos legales y tratados para facilitar las inversiones y los intercambios en el campo energético. Ejemplos: el TLCAN (capítulo XI), el Energy Charter Treaty (ECT, 1994), varios tratados bilaterales e incluso proyectos abortados como el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversión). El objetivo de esos nuevos cuerpos legales es favorecer las inversiones y proporcionarles seguridad legal y económica: respeto de las obligaciones contraídas por los Estados, repatriación de ganancias en divisas convertibles, arbitraje internacional, etc. La cuestión fiscal tiene una importancia particular: al tipo de regímenes fiscales que tiende a imponerse en la actualidad en las relaciones entre las compañías petroleras internacionales y los países exportadores se agregan precisamente las disposiciones contenidas en los tratados internacionales (ECT, TLCAN, Organización Mundial de Comercio, etc.). Esos temas no han recibido suficiente interés en nuestro país, aunque se están convirtiendo en fuentes reales de preocupación en varios países productores. La tendencia no sólo es abrir el subsuelo a las inversiones extranjeras, sino hacerlo en las mejores condiciones para las compañías extranjeras, muchas veces en detrimento de los intereses de los países receptores, de sus recursos y de sus propias empresas energéticas. Ese trato privilegiado, tanto frente a los gobiernos como a las empresas nacionales, consiste por ejemplo en que compañías extranjeras pueden recurrir a tribunales especiales si se ven perjudicados por alguna regulación de algún país. En cambio, los perjudicados por esas empresas no tienen esas mismas protecciones ni pueden recurrir a tribunales internacionales y recibir compensaciones. Consideración final La modernización de las industrias energéticas, la eficiencia de su funcionamiento y la relación con los mercados internacionales son temas que han sido secuestrados por el pensamiento liberal, pero que tienen su lugar en una reflexión que privilegie la gestión pública de los energéticos. Ignorar esos temas en ámbitos en donde se lleva cabo una reflexión de ese tipo en México es aceptar que industrias que son centrales en el desarrollo se desfasen y se conviertan en un lastre no sólo para el mejor y más eficiente aprovisionamiento energético, sino también desde el punto de vista tecnológico y del crecimiento de la productividad en el conjunto de la economía. Para evitar esa vía de deterioro ayuda el seguimiento de la reflexión internacional sobre el tema energético. * Profesor del Posgrado de Economía de la UNAM, miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
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