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Regresar a la lista artículos | Inicio Reactivar la petroquímica mexicana: el reto de la competitividad La petroquímica en México puede vivir una nueva era de crecimiento. Su éxito estará estrechamente vinculado a la realización de reformas energéticas que incluyan una nueva política de precios que deberán ser competitivos en términos globales del gas, electricidad y precursores petroquímicos. JOSÉ LUIS URIEGAS* El futuro nos llama a crecer como país y México tiene muchas condiciones favorables para hacerlo: hidrocarburos abundantes, tratados comerciales con más de 30 países, un amplio mercado interno y una posición geográfica privilegiada en América del Norte. Sin embargo, México ha crecido a un ritmo muy por debajo de su potencial y ello se debe, en gran parte, a que no han crecido sectores clave, como la industria petroquímica y química, situación que repercute en las decenas de cadenas productivas que de ella dependen. Esta industria ha sufrido un declive, con niveles decrecientes de producción en los últimos años. La razón: los precios de los precursores petroquímicos y energéticos reservados al Estado son muy altos y no son competitivos en el entorno mundial. Muchos creemos que México debiera figurar entre los 10 principales productores de petroquímicos en el mundo. Hace dos décadas era un país líder, pero nos hemos rezagado. Hoy corresponde a nuestro país sólo el 0.7% de la producción mundial de petroquímicos. Hace apenas una década, la industria química llegó a aportar más del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Si encontrara la manera de recuperar ese 5% del PIB nacional en vez del 2.2% actual esto significaría duplicar la producción de petroquímicos y químicos, generar dos o tres veces más empleos, fortalecer competitivamente a 40 cadenas productivas y mejorar la balanza comercial al dejar de importar petroquímicos por 10 mil millones de dólares al año. Hoy, México tiene la oportunidad de avanzar por ese camino. En estos momentos, Pemex Petroquímica ha recibido propuestas de compañías líderes para arrancar el Proyecto Fénix, la primera inversión de gran magnitud en petroquímica en los últimos 20 años, que conjuntará las fortalezas y habilidades de compañías nacionales, internacionales y del propio Pemex. Además, se analiza al interior del gobierno el planteamiento de que una reducción en el precio del etano podría activar otros desarrollos petroquímicos y generar ingresos fiscales adicionales. Como punto de partida para un nuevo despegue en México, debe reconocerse que la industria química es la más globalizada de todas las industrias del mundo con intercambios comerciales por 1.5 millones de millones de dólares y elabora productos intermedios y terminados que se mueven por todo el orbe con enorme facilidad y con precios que se definen en términos globales muchas veces en los mercados de Asia o Europa . Esta realidad obliga a México a cambiar su política de precios de petroquímicos básicos y energéticos para que estos precios sean competitivos en términos globales. Esto, a su vez, implica impulsar reformas energéticas que permitan garantizar el abasto de gas y energía eléctrica a precios globalmente competitivos en un horizonte de largo plazo. La certidumbre en el largo plazo es un factor clave. Si en Canadá hay contratos de gas y de etano que aseguran el suministro y un precio competitivo a las empresas durante 20 años, ¿por qué no podemos tener este tipo de contratos en México con los insumos que venden las empresas del Estado? Si países como Canadá y Brasil y regiones como Asia y Medio Oriente han desarrollado una importante capacidad instalada en petroquímica en pocos años, ¿por qué no lo puede hacer México?. Es hora de recuperar el tiempo perdido. Está en manos de los mexicanos cambiar nuestra realidad y superar dificultades, como la equivocada política de precios de energéticos e insumos básicos que ha privilegiado sólo la maximización de los ingresos fiscales, sin promover otros objetivos y emprender la necesaria planeación de largo plazo que implica desarrollar una industria nacional que integre cadenas productivas. Pero esto, repito, sólo se logrará con precios competitivos de los insumos. Hoy, se está trabajando para destrabar la petroquímica después de más de una década de estancamiento lo cual brinda una gran oportunidad para que otras industrias derivadas se beneficien de condiciones económicas más competitivas, se fortalezcan, crezcan y generen los empleos que son indispensables para brindarles un mejor futuro a las nuevas generaciones de mexicanos. Todos debemos trabajar en esto como una prioridad nacional. EL RETROCESO DE LA INDUSTRIA En el año 2002, según datos de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), el volumen de productos químicos elaborados en el país alcanzó un valor de 12,568 millones de dólares.Esta cifra equivale al 2.2% del PIB nacional y 14% del PIB manufacturero. Sin embargo, en el período 1995-2003, la industria química mexicana no sólo no se ha desarrollado y diversificado, sino que ha sufrido un retroceso. La producción total disminuyó 8% y se encuentra estancada en niveles de 20 millones de toneladas por año. La elaboración de petroquímicos en Pemex, en particular, disminuyó 47% en ese lapso. En cuanto a la balanza comercial, las importaciones de productos químicos se han duplicado y no se ha registrado crecimiento en las exportaciones desde 1995. Las importaciones cubren hoy poco más de la mitad del consumo nacional. De acuerdo con cifras preliminares, en el 2003 el déficit comercial de la industria química fue del orden de 5,900 millones de dólares, el resultado de importaciones por 10,800 millones y exportaciones por 3,900 millones (Gráfica 1).Es el déficit químico más alto de la historia y equivale a más del 100% del déficit comercial total del país. Como ya comentamos, otro indicador preocupante es el que revela la forma en que ha venido declinando la participación de la industria química en el PIB nacional. Esa participación superó el 5% en 1995 y el promedio mundial es del orden de 4.6%. Sin embargo, en México ha caído al 2.2% (Gráfica 2). Cabe preguntar, si México cuenta con materia prima abundante y está bien posicionado para aprovechar sus tratados, recuperar su enorme mercado local y abrirse paso en el mercado de Estados Unidos, ¿por qué nuestra industria ha tenido un desempeño tan pobre? LA NECESIDAD DE UNA REFORMA ENERGETICA El problema radica básicamente en que los precios de los insumos energéticos y petroquímicos, reservados al Estado, son muy altos y se establecen con base en los precios del gas natural en la Costa del Golfo de Estados Unidos. Por lo tanto, debe considerarse prioritario modificar estos precios como parte de una reforma energética integral que permita garantizar un suministro confiable, así como precios competitivos y calidad, de estos insumos para los usuarios en el largo plazo. En el caso del gas natural, se observa que la demanda nacional crece rápidamente, pero Pemex no ha logrado incrementar la producción. Con un nivel de reservas de gas comparable con el de Canadá, México no ha logrado desarrollar su potencial y mantiene niveles de inversión y de perforación de pozos muy por debajo de los de Canadá. En un contexto en que América del Norte se ha convertido en la región con mayores costos del gas natural en el mundo, esta situación ha pegado a la industria nacional y México se ha vuelto un país importador de volúmenes significativos de gas (Cuadro 1). Cabe subrayar que el abundante gas asociado mexicano tiene un alto contenido de líquidos que son precursores naturales e idóneos para los procesos petroquímicos. Sin embargo, desperdiciamos estos líquidos al reinyectarlos a las corrientes de gas.Por eso, la industria química aboga hoy porque se fije un precio menor al etano para su uso en los procesos petroquímicos. Por otra parte, se ha agudizado en México el sobreprecio de la electricidad en comparación con otras regiones del mundo con las que competimos. El precio de la electricidad para usos industriales y comerciales se ha duplicado en los últimos años y está entre los más altos del mundo, además de que existe un sobrecosto por fallas en el suministro y problemas de calidad. Si se puede asegurar el suministro de energía eléctrica, combustibles e insumos petroquímicos con precios competitivos en México, se podrá estimular la inversión, el crecimiento del país y mejorar el nivel de vida de la población. Este debe ser el propósito de una reforma energética integral, entre cuyos beneficios debe de ser factible alcanzar los siguientes: (1)Impulsar el crecimiento económico, agregando entre 1.5% y 2.5% al PIB; (2) atraer inversión directa de 10 mil millones de dólares anuales y crear 40,000 empleos directos permanentes, sin considerar un efecto multiplicador que generaría más inversión y más empleos; (3) lograr ahorros y generación de divisas por 14,000 millones de dólares en gas y derivados del petróleo; (4) obtener un mayor ingreso fiscal, del orden de 4 mil millones de dólares anuales; y (5) contar con un suministro abundante de gas y electricidad con precios estables, mejorando así la posición competitiva del país. PROPUESTA En resumen, la propuesta que hoy plantea la industria química del país es que se debe desarrollar una política de precios competitivos en términos globales para los precursores petroquímicos y los insumos energéticos. Esta política formaría parte de una reforma energética integral que garantice el suministro suficiente y competitivo del gas natural, la electricidad, los productos petrolíferos y los petroquímicos básicos, en el largo plazo. En este sentido, sería deseable la publicación del Programa de Competitividad de la Industria Química y Petroquímica, el cual ha sido desarrollado por la ANIQ, pero cuyos compromisos aún no han sido asumidos por algunas dependencias del gobierno. De implementarse estas ideas, se integrarían importantes cadenas productivas que impulsarían la economía nacional en su conjunto. La producción de la industria química alcanzaría el 4.6% del PIB nacional. Es decir, se duplicaría su nivel de producción, la cual alcanzaría un valor de más de 26,000 millones de dólares al año. Creemos, además, que podrían realizarse inversiones directas superiores a los 6,500 millones de dólares en el ramo petroquímico y químico, y que se podría pasar de un déficit de 6,000 millones de dólares en la balanza comercial del sector a un superávit de 7,800 millones de dólares. El potencial de crecimiento de este sector es muy grande. El Proyecto Fénix, que hoy promueve Pemex-Petroquímica con inversiones cercanas a 2,000 millones de dólares, generará una gama de petroquímicos que apenas serán suficientes para atender el mercado nacional, con pequeños volúmenes excedentes para la exportación. Hay que esperar que este nuevo centro productivo, que buscará sinergias entre las capacidades de los inversionistas nacionales e internacionales, sea el comienzo de un nuevo crecimiento industrial que tanto puede beneficiar a nuestro país. *Es ingeniero químico con maestría en administración de empresas. Ha trabajado por más de 25 años en el sector químico y petroquímico mexicanos. Actualmente es director general de Grupo Idesa y presidente de la Asociación Nacional de la Industria Química. Es consejero del International Council of Chemical Associations (ICCA) y vicepresidente de la Asociación Petroquímica Latinoamericana (APLA).
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