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Energía: ¿cambios con sentido común?
Nos hemos perdido en la discusión sobre la propiedad de las empresas y si deben entrar o no compañías extranjeras. Hay otros asuntos que debemos resolver primero. Además, la verdad es que las diferentes administraciones no han efectuado un buen trabajo en el área de la energía.
EDUARDO FLORES-MAGÓN*Se inicia 2004 y los medios continúan informando al público acerca de las bondades y los posibles problemas de la llamada Reforma Eléctrica . Pareciese que en México, se discuten algunos asuntos ad nauseam.
La reforma eléctrica empieza a discutirse en 1992 con el título
de Reforma Energética y entre sus puntos se encuentra la privatización
de algunas áreas del sector energético nacional. Por motivos diferentes,
todos los partidos políticos con el mayor número de afiliados
rechazan la idea y no permiten que el Senado de la República contra lo
acostumbrado en este cuerpo legislativo en donde se da entrada a la iniciativa
del Ejecutivo inicie discusiones formales acerca del asunto.
A partir de esto, las cámaras alta y baja del Poder Legislativo, los expertos y pseudo-expertos del sector energético, los medios y el público en general comienzan una discusión que hasta la fecha no ha dado resultados concretos.
Nos perdemos en la discusión de quien debe ser el propietario de las empresas y si deben de continuar bajo la administración del gobierno federal o bajo la regiduría de empresas privadas extranjeras. Todo ello a pesar de que las diferentes administraciones no han efectuado un buen trabajo en el área de la energía. Prueba de ello es el caos que reina en ese sector y que dio como resultado la ahora famosa reforma.
Nos olvidamos que el origen del problema de la falta de recursos en el sector energético se debe a que los distintos gobiernos federales han llevado a cabo una pésima política hacendaria al no colectar suficientes fondos de los contribuyentes, obligándose a recurrir a los recursos que las paraestatales energéticas principalmente Petróleos Mexicanos (Pemex) reciben por la venta de productos y servicios para subsanar los crecientes déficit en el gasto gubernamental.
En la promoción de cambios en el sector energético, tal vez el primer punto que debería discutirse es la eficiencia y la calidad del servicio que prestan las empresas energéticas paraestatales. Todos somos clientes cautivos de Pemex, Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Luz y Fuerza del Centro (LFC) y por tanto sabemos perfectamente que el servicio que dan no es de los mejores del mundo. Aquí es donde tenemos el primer problema. Deseamos que el servicio que nos brindan las paraestatales energéticas sea de lo mejor, pero eso no es posible porque las empresas no cuentan con los recursos necesarios para darle mantenimiento a las instalaciones existentes y para ampliarlas de acuerdo al crecimiento económico del país.
En el caso del sector eléctrico, el mayor problema que se tiene, y que se incrementará en el futuro, es la debilidad de la red de transmisión. En las discusiones acerca de la reforma del sector, el Sistema Nacional de Transmisión quedaría en manos del Estado es decir del gobierno federal , pero, como es del conocimiento público, al menos en los últimos treinta años el Estado no ha podido proveer de recursos adecuados a la CFE y a LFC, lo que nos permite suponer que en el futuro el Estado podría tener problemas similares para satisfacer lasnecesidades económicas y financieras para ampliar adecuadamente la red de transmisión y darle el mantenimiento indispensable para con ello prestar un servicio de primer mundo.
Otro de los problemas del sector eléctrico se encuentra en las tarifas al servicio eléctrico. En el caso de los grandes consumidores (industrias y servicios), las tarifas son altas si se comparan con aquellas que privan en los estados americanos de la zona llamada del Golfo de México, que en honor a la verdad son las industrias con las que compiten nuestras empresas. Parte de ese problema consiste en que en los Estados Unidos utilizan carbón como energético primario para la generación en esa zona y esto abarata el costo de producción de la electricidad. En el caso de las tarifas residenciales, éstas se encuentran entre las mas bajas del mundo, por lo que no es cierto que con la aprobación de las reformas se dé una disminución en las mismas.
Parte de la ineficiencia de las empresas del sector energético está ligada al número de trabajadores que ahí laboran. Si llevamos a cabo una comparación con empresas de tamaño similar, nuestras empresas por regla general tienen mas trabajadores. Esto nos lleva a preguntarnos el por qué en otros países empresas similares con menor número de empleados efectúan un trabajo con mejor calidad. Obviamente, el llamado gasto corriente que en parte cubre sueldos y salarios se vería disminuido si se pudiera alcanzar una eficiencia de la mano de obra similar a la de países industrializados.
En el caso de Pemex, no se ha contado con recursos suficientes para llevar a cabo la exploración de sitios con probabilidad de encontrar crudo y en el caso de que se encontraran esos sitios, no se tendría el capital suficiente para llevar a cabo el desarrollo de los pozos de producción.
Por problemas de capital, México no cuenta con refinerías modernas que puedan procesar nuestro crudo pesado y esto implica que se tenga que importar gasolinas y otros derivados.
El caso de la petroquímica es muy interesante, ya que México es el único país en el planeta que cuenta con una división no técnica de los productos petroquímicos, derivado de cambios efectuados al Art. 27 Constitucional. Esto ha forzado a que la petroquímica de Pemex ya que desde hace 50 años la petroquímica en México está en manos de la iniciativa privada,tanto mexicana como extranjera se descapitalizara y se convirtiera en una industria obsoleta. Además, no se invirtió en los procesos adecuados que protegieran al ambiente, dando como resultado una industria contaminante.
El caso del metano mal llamado gas natural como consecuencia de una traducción del inglés natural gas , que se usa en los Estados Unidos para diferenciarlo del vocablo gas que popularmente designa a la gasolina también es sumamente relevante. Como política energética, se ha llevado a cabo la gasificación o uso masivo del metano en la generación eléctrica con el problema de que en México la mayor parte de la producción de gas (casi el 85 por ciento) está ligada a la producción de aceite, y el resto de la producción de ese energético proviene de yacimientos no asociados al aceite. El problema con esto radica en que por cuestiones de mercado precio del barril de crudo y por cuestiones técnicas ligadas al volumen de inversión en producción de aceite, no se cuenta con el suficiente metano para dotar a las plantas de generación eléctrica, principal consumidor de este energético.
Al usar metano en la generación de electricidad se desplazó al carbón y a otros derivados del petróleo argumentando que a diferencia del metano, los otros energéticos eran más agresivos al ambiente. Eso tal vez fuera cierto hace diez años, pero la investigación tecnológica que se efectúa en estos momentos y la que se llevará a cabo en el futuro para el secuestro o la eliminación de los gases contaminantes derivados del carbón, permite suponer que tanto el carbón como otros energéticos podrán ser usados eficiente y económicamente en la generación eléctrica.
Como podrá verse, existen grandes problemas en el sector energético que tienen que ser enfrentados antes de dilucidar hasta qué punto la inversión extranjera es necesaria y pertinente para el avance de este sector. Además, existe un potencial enorme en el ahorro de energía, tanto por parte de los productores como por parte de los consumidores. En esto, nos encontramos muy rezagados si usamos como punto de comparación los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y desafortunadamente parece ser que éste tópico no está sujeto a la discusión dentro de las posibles reformas al sector energético.
Finalmente, la soberanía nacional sólo podrá darse cuando México cuente con independencia económica. Es, entonces, indispensable cambiar la forma de pensar de todos nosotros para que cada mexicano que perciba un ingreso, sin excepción, cumpla con sus obligaciones fiscales. Cuando eso suceda, las cámaras alta y baja del Congreso podrán distribuir los ingresos del Estado de una manera más acorde a las necesidades socio-económicas de la población.
*Fisico egresado de la UNAM con un doctorado en Ciencias de la Universidad de Stanford. Ha desempeñado varios cargos en el sector energético. Se autodescribe como un mexicano más esperanzado en que en este país dejemos de discutir, de anclarnos al pasado y podamos tener la cordura de construir un futuro